* Se necesitarán centenas de miles de millones de dólares para hacer frente al  coronavirus y después, poco a poco, hacer que repunte  la economía mundial.

Foto: Alejandro Meléndez / FotorreporterosMx

Por Jorge Meléndez Preciado

Ya lo anunció la presidenta del FMI, Kristalina Georgieva, la crisis que vendrá será de mayor tamaño e impacto que la de 2019, de la cual no hemos salido no importando que la edificación  de centros comerciales impresionantes, compras de inutilidades y venta de autos o departamentos sean únicamente el espejismo de algo diferente: el capitalismo depredador lleva a  que el uno por ciento de la población acapare el 50 por ciento de la riqueza. Lo cual ha traído una inequidad terrible y catastrófica.

La funcionaria internacional dice que habrá quiebras al por mayor y despidos de millones de personas- en México compañías como Alsea ya empezaron a realizarlo.

Caerán muchos sectores, entre los más perjudicados estarán las líneas aéreas, las exportaciones, manufacturas y el turismo. En este último caso, el embajador estadounidense Christopher Landau, hizo un llamado a los estadounidenses para que retornen a su país y varios gobernadores mexicanos exhortaron a AMLO  a cerrar la frontera con yanquilandia para que no haya más contagios de coronavirus, pues Estados Unidos será el epicentro mundial de la pandemia.

Se necesitarán centenas de miles de millones de dólares para hacer frente al  coronavirus y después, poco a poco, hacer que repunte  la economía mundial. Por ejemplo, se requieren  83 mil millones de dólares para 50 naciones emergentes y 31 de desarrollo medio. Esfuerzos gigantescos que, posiblemente, lo aprovechen compañías para enriquecerse más y, obviamente, ampliar la desigualdad social.

Es urgente otra economía. La cual no ate a los países a las deudas del FMI y el Banco Mundial, depredadoras al máximo. Un solo ejemplo, México paga anualmente- y lo hará por decenios- 45 mil millones de pesos debido al Fobaproa que nos endilgaron Carlos Salinas y Ernesto Zedillo.

Hay que dejar de liquidar empréstitos leoninos, endeudarse para aliviar la carga de muchos mexicanos de abajo y elevar impuestos a los más ricos, como en los países escandinavos. No hay de otra para salir adelante.

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