OTRO PAÍS

Tomás Tenorio Galindo

Según puede apreciarse desde estos primeros momentos y a despecho de los planes del PRI, la disputa por la Presidencia de la República se encamina a ser protagonizada por Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés. No sólo porque ocupan el primero y segundo lugar en las encuestas sobre la elección del 2018, sino porque de los tres aspirantes formalizados como precandidatos y que seguramente dominarán la escena de la contienda, son ellos los que se expresan con libertad, mientras el candidato del PRI, José Antonio Meade, se encuentra prisionero en el compromiso de defender al gobierno de Enrique Peña Nieto y preservar la continuidad del régimen priista.

También porque, en un giro inusitado, López Obrador y Anaya sostienen posturas y propuestas similares en algunos temas fundamentales. Por ejemplo, Anaya habló el domingo pasado como si fuera López Obrador al criticar los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, que fueron llevados al poder por el PAN. En privado, es común que los panistas reprochen y aún califiquen de fracaso las gestiones de Fox y Calderón, pero que se sepa, ningún dirigente nacional del PAN había renegado de ambos ex presidentes como lo hizo Anaya en su condición de precandidato presidencial de la coalición “Por México al Frente”.

Por otra parte, el panista planteó la adopción del llamado ingreso básico universal, una suma de dinero que se entregaría a todos los mexicanos para garantizar su nivel mínimo de bienestar, propuesta virtualmente arrebatada a López Obrador y que coincide con el programa de izquierda que impulsa el precandidato de Morena y que éste ya desarrolló durante su gobierno en la Ciudad de México (la pensión para los ancianos es una variante del ingreso básico). También hablan igual del combate a la corrupción y con la misma probabilidad de ser escuchados por el electorado, lo que no ocurre con Meade, a quien en esta materia le resultará imposible convencer a las audiencias de que combatirá la corrupción y al mismo tiempo exaltar al gobierno de Peña Nieto.

No hay casualidad ni improvisación en ese paralelismo. Es evidente que Ricardo Anaya sigue los pasos de López Obrador y que busca desplazar al líder de Morena en el papel de principal antagonista del PRI y del gobierno, rol que el tabasqueño ha cultivado exitosamente por años.

Incluso como en su momento y hasta la fecha López Obrador, Anaya también ha visto crecer su imagen pública gracias a los ataques que ha recibido desde las filas oficialistas, que en lugar de hundirlo lo fortalecieron. Es decir, en la disputa por la Presidencia el panista va a tratar de superar a López Obrador con algunas propuestas, argumentos y estrategias que han distinguido la práctica política del candidato de Morena. Anaya quiere ser un López Obrador frente al PRI y frente al mismo López Obrador, y en alguna medida lo ha conseguido, al menos en la intensidad con que ha despertado los instintos más autoritarios del priismo que se lanzó en su persecución. Es un escenario que dotará de interés y atractivo a las elecciones del próximo año, y que amaga con arrinconar en la irrelevancia al candidato del PRI, circunstancia que sin duda provocará la reacción desmedida del poder.

Quién sabe hasta dónde pretenda y pueda Anaya llegar en esa remodelación “populista” del programa del PAN para parecerse a López Obrador, porque el candidato de Morena dispone de muchos ases y de mucha audacia en el arte del “populismo” que con tanta desesperación se ha querido descalificar desde el PRI. Este día 12, al destapar sus aspiraciones presidenciales, el precandidato de Morena dio muestra de ello al proponer el pago de un sueldo mensual de 3 mil 600 pesos a dos millones 300 mil jóvenes que no trabajan ni estudian, becas de 2 mil 400 pesos al mes para 300 mil estudiantes sin recursos, e incrementar a mil 200 pesos mensuales la pensión para adultos mayores. Todo, variantes del ingreso básico universal. Son ideas y compromisos preliminares, pero claramente atractivos para una población mayoritariamente necesitada, por más descalificaciones que reciban desde el PRI y desde el gobierno. El “populismo” tan odiado por los tecnócratas se posesiona de las elecciones, y dos “populistas” se preparan para el enfrentamiento.

Rectificó

En su primera presentación como precandidato presidencial de Morena, López Obrador rectificó o moderó la irreflexiva propuesta que hizo hace unos días en Guerrero, de amnistiar a jefes del crimen organizado con el objetivo de alcanzar la paz del país. “Someteremos a debate y consulta, principalmente con las víctimas, la posibilidad de otorgar amnistía a infractores que opten por su readaptación”, dijo. Debate, consulta e infractores son términos que matizan y de hecho borran las anteriores palabras de López Obrador sobre ese tema.

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