*México avanza y sin la participación amplia, plena de las mujeres  ello no será posible.

 

Jorge Meléndez Preciado

El TEPJF acaba de pronunciar una sentencia inédita en la historia de las elecciones en México: consideró nulos los comicios en Coyoacán por “uso de programas sociales y (debido a la) violencia política de género”. Este último razonamiento es importantísimo en esta época, donde las mujeres han ido ganando, no sin trampas y presiones, una mayor presencia en los poderes legislativo y ejecutivo.

Si antes supimos de los ominosos  casos de Las Juanitas y Las Manuelitas, donde se utilizaba a ellas para que luego renunciaran y quedaran al frente varones, en el asunto de la delegación sureña en la Ciudad de México, que la actriz María Rojo enfrentara no al futbolista Manuel Negrete sino a la mafia encabezada por el  hoy diputado, Mauricio Toledo, se hizo algo más ruin y grotesco. Se intentó amedrentar por todos los medios a la señora Rojo, incluso con descargas de armas de fuego cerca de su domicilio; se le obstaculizó siempre sus actividades, se destruyó su propaganda, se distribuyeron volantes donde ella aparecía desnuda (recuérdese que ha filmado películas atrevidas  como La Tarea de Jaime Humberto Hermosillo y las escenas requeridas eran sin ropa) para denigrarla y hasta el día de la elección (primero de julio) se pegaron en los alrededores de las casillas volantes con frases denigratorias para esta profesional del arte.

Todo ello está documentado y seguramente resultó evidente para que las autoridades dieran ese trascendental fallo, el cual abre una nueva etapa en la historia  mexicana.

Obviamente que la compra de votos, el uso de golpeadores (dos mítines de Claudia Sheinbaum fueron reventados por las hordas de Toledo) y muchas otras cuestiones negras también son de tomarse en cuenta. Pero el argumento de género es bienvenido en esta hora de transformación.

México avanza y sin la participación amplia, plena de las mujeres  ello no será posible.

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