*A pesar de una tormenta, los seguidores del equipo campeón de la Libertadores salieron a las calles a celebrar el triunfo.

Otro País Noticias, Buenos Aires, 9 de diciembre (Notimex).- Con cantos de orgullo y lágrimas de felicidad celebraron hoy los hinchas de River Plate en el centro de esta capital, bajo una tormenta, el triunfo en la Copa Libertadores contra Boca Juniors, en una histórica final que se disputó en Madrid por la violencia en la sede bonaerense.

La euforia hizo a un lado la indignación de las últimas semanas por el cambio de sede que ordenó la Confederación Sudamericana de Futbol (Conmebol), en castigo por la violencia que estalló cerca de la cancha de River en la frustrada final del pasado 24 de noviembre.

El organismo decidió que el histórico choque se realizara en el Santiago Bernabéu, de Madrid, por lo que millones de fanáticos argentinos tuvieron que resignarse a mirarlo por televisión y a 10 mil kilómetros de distancia.

Aun así, el amor por el futbol ganó, y los hinchas de River y Boca, los dos equipos más importantes de Argentina, se reunieron este domingo en bares, restaurantes o en sus casas, para retomar el espíritu festivo que habían perdido entre las interminables idas y vueltas de una final de antología.

“Nos quisieron robar la final, pero no pudieron, demostramos que nosotros somos mejores”, gritaba entre lágrimas Enrique Aponte, un fan de River que agitaba su camiseta rojiblanca bajo la lluvia de Buenos Aires, apenas terminar el partido con un rotundo triunfo para su equipo.

“Dale campeón, dale campeón, millonario de corazón, dale campeón, dale campeón, que esta banda es la mejor”, gritaban a su lado decenas de hinchas que se abrazaban y saltaban mientras formaban una ronda.

La ciudad fue una isla desierta durante los primeros 90 minutos reglamentarios, con un silencio apenas opacado por los gritos que provocaron los goles de Darío Benedetto para Boca en el primer tiempo y de Lucas Pratto para River en el segundo tiempo.

Cada hinchada se refugió masivamente en su barrio, así que los seguidores del equipo xeneize coparon las parrillas del popular barrio de La Boca, en los alrededores del estadio, desde donde alentaron agitando banderas gigantes, vestidos con la camisa azul y oro, cubiertas las cabezas con los tradicionales gorros.

En el otro extremo de la ciudad, en el lujoso barrio de Núñez, el vestuario rojiblanco de los hinchas de River dominaba en los restaurantes de las cercanías del Estadio Monumental, en donde hace dos semanas debió haberse concretado la esperada final.

La alegría fue toda riverplatense cuando el colombiano Juan Fernando Quintero anotó el 2-1 durante el alargue del partido, lo que llevó a conocidos y desconocidos a fundirse en abrazos emocionados.

Ni hablar cuando Gonzalo Martínez selló el 3-1 en los últimos segundos de un encuentro que hasta ese momento había estado marcado por la tensión, porque entonces sí, ya todo fue alegría y tranquilidad.

Apenas sonó el silbatazo final, los hinchas se fueron en masa hasta el Obelisco, el monumento más emblemático del país y punto de referencia de los festejos futboleros.

A pie, en taxi, en auto particular, en metro o camiones, todo fue útil para allegarse al centro y sumarse a la familia de River en la que se juntaban solitarios con parejas, familias, hombres y mujeres de todas las edades.

Llovía, el cielo estaba gris, pero nada de ello opacó la celebración de una victoria que costó tiempo y esfuerzo, pero que, al final, valió la pena.