OTRO PAÍS

Tomás Tenorio Galindo

La primera posibilidad que llama a la puerta es que Andrés Manuel López Obrador prescinda de su brazo derecho, César Yáñez, después de su cara, espectacular, publicitada y cuestionada boda, que es ya el mayor ejemplo de incongruencia dentro del equipo más cercano del próximo presidente de la República.

Pero esa opción presenta el problema de que el propio López Obrador fue protagonista de la fiesta, y no podría condenar a su más cercano colaborador sin condenarse él mismo. De ahí que sea probable que no haga nada, lo que a su vez significaría asumir el elevadísimo costo de este monumental tropiezo que cometió su gobierno aún antes de comenzar.

De lo que no hay ninguna duda es que esta boda y su exhibición a la usanza de la realeza europea en la revista ¡Hola! golpeó a López Obrador justamente en el aspecto que él más había cuidado y presumido siempre: la austeridad por la que ha querido singularizar su carrera política y definir su próxima Presidencia.

El conflicto que atrapó a López Obrador es la contradicción entre un evento en el que hubo derroche y frivolidad a manos llenas, que costó, en su cálculo más conservador, unos diez millones de pesos –una suma que César Yáñez no alcanzaría a reunir en todo el sexenio lopezobradorista incluso si guardara íntegramente su sueldo, que ya sabemos que en el mejor de los casos no rebasará los 108 mil pesos mensuales–, y la filosofía que ha propuesto implantar como criterio esencial de su gobierno, según la cual él, y por ósmosis y comunión sus colaboradores, son diferentes, enemigos de las riquezas y la ostentación.

Parece exagerado decirlo, pero una sola noche hurtada a la prudencia puso en entredicho la honestidad, la ética y la moral con que el próximo gobierno ejercerá el poder. Aunque no se pueden adelantar hechos y suponer que este episodio va a derrumbar la percepción de que goza López Obrador, lo cierto es que su presencia en esa boda y el aval que su presencia le otorgó al evento no concuerda con la imagen que ha querido cultivar.

La fiesta era ya suficiente para generar ese efecto, pero la reseña publicada por ¡Hola!, con un gran despliegue de fotografías, perfora y degrada el corazón del proyecto de López Obrador. No hay ahí ninguna diferencia entre López Obrador –quien aparece con su esposa en un recuadro de la portada de la revista, cediendo el espacio estelar a los novios– y César Yáñez respecto de otros frecuentes ocupantes de esas páginas, como el presidente Enrique Peña Nieto y su familia, y antes Carlos Salinas de Gortari, que también la usó como escaparate.

La defensa hecha por López Obrador el jueves de la semana pasada ante el escándalo que provocó la portada de ¡Hola! no mitigó la indignación ni zanjó el asunto. Si lo creyó así, se equivoca. “No me casé yo, yo fui invitado, asistí y cada quien es responsable de sus actos”, dijo López Obrador. Manifestó además que “no fue una acción de gobierno, se trata de un evento social, privado, yo asistí. Desde luego que están cuestionando nuestros adversarios porque andan buscando cualquier error”.

Sin embargo, esa argumentación tendría sentido si no se tratara de un colaborador suyo tan antiguo y cercano como César Yáñez, o si no hubiera ido a la fiesta, o si ésta no hubiera sido tan ostentosa como fue. Por otra parte, al intentar deslindarse de la celebración y afirmar que “cada quien es responsable de sus actos”, acredita que se trató de un acto reprobable, de un “error”. Y habría sido privado si así hubiera permanecido, pero al ser expuesto en la revista de frivolidades por la voluntad y el interés de sus protagonistas, se convirtió en un hecho público con las implicaciones que ello supone. Y supone mucho. En primer término, el mensaje enviado por César Yáñez y su ahora esposa, y como consecuencia inevitable también por López Obrador que aparece con ellos, es el mismo que envían todos aquellos que sacian sus apetencias aristocráticas al figurar en esas páginas: nosotros, los que salimos aquí, y ustedes los que no pueden. Nosotros los ricos y ustedes los pobres. Marcar un nosotros y ustedes es la especialidad de ¡Hola!, a eso se dedica, a subrayar las diferencias de clase, a cantar la supremacía y a lucir la riqueza de quienes ahí aparecen.

En un gesto de sensibilidad por los 50 años de la matanza del 2 de octubre, ese sábado 29 de septiembre López Obrador había estado en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco en un mitin de agradecimiento por su victoria electoral, y había hecho el compromiso de no utilizar “nunca jamás al Ejército para reprimir al pueblo”. De ahí se fue a Puebla, a la boda de César Yáñez, donde se sirvió cola de langosta con escamoles, filete de res en salsa bordelesa y shawarma de chocolate, mientras los invitados escuchaban a Los Ángeles Azules. Y donde los principales posaron para ¡Hola!

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