OTRO PAIS

Tomás Tenorio Galindo

El miércoles anterior pasó casi desapercibida para la opinión pública y apenas fue recogida por la prensa una declaración del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas sobre el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Esa declaración habría podido ser la nota de ocho columnas de cualquier diario, pero no lo fue de ninguno y es posible que sólo un periódico haya mencionado escuetamente esas palabras. Pero aun cuando haya permanecido en la penumbra informativa, obviamente no pudo haber pasado desapercibida para el presidente ni para su gobierno.

Dijo Cárdenas sobre la gestión de López Obrador: “se presenta como el gobierno de la Cuarta Transformación, aunque no queda del todo claro cuáles son los componentes de este proyecto. Puede hablarse del combate a la corrupción, con acciones hasta hoy menores; del combate a la delincuencia, con el despliegue para combatir el robo de combustibles, con un éxito aún incierto; la disminución de salarios y un discurso en favor de la austeridad, y anuncios de que la economía crecerá 4 por ciento, sin explicarnos cómo y cuándo”. (Reforma, 10 de abril de 2019)

Es una crítica muy fuerte que, sin embargo, no mereció ninguna descarga de las baterías lopezobradoristas en las redes sociales. Sin embargo, no fue esa la primera vez que Cárdenas se refirió en días recientes y en esos términos al gobierno de la cuarta transformación. Aunque no hay registro de sus palabras en la prensa, en un acto organizado el 5 de abril en Acapulco, en el que recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Guerrero, Cárdenas solicitó al gobierno de López Obrador más claridad acerca de la dirección en la que lleva al país, es decir, más claridad sobre la cuarta transformación. “Si consideramos vivir época de cambio, los caminos y objetivos deben visualizarse en el largo plazo. El cambio puede empezar hoy, pero hay que saber hacia dónde dirigirlo y cuáles son las metas finales, esto es, qué país, qué sociedad y qué mundo se quieren edificar y esto debe quedar claro, sobre todo, al conjunto de la sociedad. Así, cada quien podrá dar conscientemente la contribución que le corresponda”.

Dos manifestaciones críticas de Cárdenas sobre la cuarta transformación, en el curso de sólo diez días, tienen un significado serio si contradicen la retórica presidencial sobre el carácter y los objetivos del nuevo gobierno. En primer lugar, ponen en entredicho los métodos y el estilo personal de ejercer el poder que ha desplegado López Obrador en los cuatro meses y medio iniciales de su mandato. Cárdenas ve lo mismo que los demás, la forma insensible en que las nuevas autoridades lastiman a amplios sectores de la sociedad (300 mil campesinos de Guerrero están obligados en estos días a entregar papeles de sus tierras si quieren recibir fertilizante gratuitamente: ¡papeles!; pero también está el caso de las estancias infantiles, y el más reciente de los miles de médicos residentes a los que se les dejó de pagar sin justificación alguna, sólo por citar tres casos) y el caos que prevalece en el gobierno.

Con todo, quizá la crítica más profunda de Cárdenas a López Obrador es la que hizo sobre la política petrolera el 5 de marzo pasado en un artículo publicado en el diario La Jornada, con el título “Petróleo: prioridades”.

Cárdenas expuso ahí un diagnóstico puntual sobre las condiciones en que se encuentra Pemex, mejor y más preciso que cualquier exposición pública que López Obrador o el director de Pemex hayan planteado, en el que quedaron establecidas las diferencias que tiene en esta materia con las propuestas presidenciales.

Significativamente, en ese texto Cárdenas no hace ninguna referencia al proyecto para construir una nueva refinería en Dos Bocas, Tabasco, uno de los ejes presidenciales para la recuperación de la industria. No hace referencia a esa obra porque es obvio que la considera innecesaria. En cambio, pide autonomía para Pemex y que Hacienda deje de tomar las decisiones por la petrolera, lo que va en sentido opuesto a lo que ha hecho López Obrador, que es asumir el control de la empresa por todas las vías posibles.

De igual manera, Cárdenas propone destinar 500 mil millones de pesos durante cinco años, cien mil al año, para capitalizar a Pemex. En contraste con ese planteamiento, el viernes pasado el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, anunció en Washington que se le inyectarán a la empresa cien millones este año para que haga frente a compromisos inmediatos de su deuda, pero no más en los siguientes.

Cárdenas plantea también que la iniciativa privada invierta para incrementar la producción de petróleo, incrementar la exploración y la extracción, así como reponer reservas y garantizar su permanencia en el largo plazo. Dejando de lado la construcción de una refinería en Dos Bocas, escribió que urge la modernización o reconfiguración de las existentes, opción que López Obrador apoya pero ve insuficiente. Y para dejar establecido que comparte objetivos con López Obrador en esta materia, concluye que de esa manera se podrá “salir del retroceso que han significado los años de neoliberalismo” en la industria petrolera.

Es evidente que las diferencias de Cárdenas con López Obrador no solamente rebasan la refinería de Dos Bocas, sino que tienen que ver con todo el proyecto de la cuarta transformación, cuyo traslado a la realidad hasta ahora ha sido confuso, torpe y caótico, por decirlo con suavidad. Qué país, qué sociedad y qué mundo quiere edificar la cuarta transformación, pregunta Cárdenas. ¿Pues qué no es eso lo que López Obrador explica todos los días con su retórica de mitin? Por lo visto, no lo ha explicado bien, ni con claridad ni suficiencia.

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