Castillo de naipes

Ricardo Castillo Díaz

Un buen consuelo de los perdedores de las elecciones del 1 de julio, es atribuir la derrota al maremoto llamado Andrés Manuel López Obrador. Con cínico desparpajo, los que perdieron prefieren decir que fueron víctimas de una estampida, a reconocer que pagaron el precio de malas candidaturas, o malos gobiernos, o malos partidos, o malas alianzas, o malos dirigentes, o malas prácticas. Nadie hasta ahora ha salido a dar la cara y decir: “señoras, señores, perdón, nos equivocamos”. Nadie. Todos se consuelan echándole la culpa al fenómeno López Obrador. “Pero ya nos veremos en 2021”, rematan sin descaro los perdedores, refiriéndose a que en tres años volverán a enfrentar a Morena sin su candidato presidencial en las boletas.

Por un lado, la teoría del tsunami es sostenible sólo hasta cierto punto. En efecto, la figura de López Obrador arrastró a varios desconocidos de Morena, pero topó con pared donde hubo la habilidad de encapsular la disputa local de la federal. Así, por ejemplo, Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano ganó la gubernatura de Jalisco y el Frente obtuvo ahí las dos senadurías de mayoría. En Guanajuato ganó la gubernatura el candidato del PAN, Diego Sinhue. Y en Yucatán, el PRI ganó las senadurías de mayoría con José Carlos Ramírez Marín al frente de la fórmula. En Guerrero, el perredista Antonio Gaspar ganó la alcaldía de Chilpancingo; el panista Marcos Efrén Parra Gómez triunfó en el Ayuntamiento de Taxco; y el priísta Jorge Sánchez se impuso en la presidencia municipal de Zihuatanejo.

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Y la pregunta sería: ¿A esos lugares no llegó el maremoto? Pues claro que sí. Pero los candidatos, o sus gobiernos, o sus partidos, o sus alianzas, o sus dirigentes, o sus prácticas, impidieron que fueran arrasados. Echarle la culpa a López Obrador es un buen pretexto, pero sólo funcionará por algún tiempo. Y lo único que evidencia es la falta de capacidad de autocrítica de los partidos políticos y sus candidatos perdedores, que se resisten a reconocer que algo no hicieron bien. Para muestra, el botón del PRD en Guerrero, donde sus dirigentes se consuelan diciendo que perdieron ante López Obrador y no ante los candidatos de Morena.

Pero la cantaleta del tsunami ya no va a funcionar dentro de tres años y tendrán que buscarse otra. Porque la mala noticia para los perdedores es que López Obrador sí va a andar en campaña en 2021, por la consulta para la continuación o no de su mandato. Y a ver con qué salen para entonces. Si es que todavía sobreviven.