OTRO PAIS

Tomás Tenorio Galindo

Sólo hasta cierto punto es comprensible la rapidez con la que Andrés Manuel López Obrador cedió ante la banca y frenó el viernes pasado la reforma legislativa propuesta por su partido para moderar o suspender algunas de las excesivas comisiones que cobran los bancos a cuentahabientes. Pero después de ese punto, no se justificará que mantenga esa posición, porque se trata de una iniciativa de amplio y absoluto interés general, dado el expolio al que está sometida la población por parte de los bancos.

El proyecto de reforma presentado por el senador Ricardo Monreal el jueves 8 ofrece un diagnóstico y documenta los motivos que sustentan la propuesta. No dice nada que los usuarios de los bancos no sepamos o no hayamos sufrido, pero ilustra muy bien el tema. Por ejemplo, recuerda que “la banca en México ocupa el tercer lugar de América Latina en registrar mayores ganancias, respecto de sus ingresos totales, por el cobro de comisiones a sus clientes”. Explica que “en gran medida esto es posible porque, en nuestro país, dichas instituciones cobran más por este concepto que en los países donde se encuentran sus sedes”. Es decir, a ese respecto México es un paraíso para los bancos extranjeros, que son la mayoría.

En una tabla, compara el porcentaje que representa el cobro de comisiones en México y en los países originarios de los bancos en el total de sus ingresos, y hace notar la enorme diferencia que existe entre ambos. Por ejemplo, en Estados Unidos, Citibanamex obtiene de las comisiones 18 por ciento de sus ingresos, pero en México esa cifra es de 33 por ciento. Los ingresos por comisiones de BBVA Bancomer en España llegan a 19 por ciento, pero en México obtiene 36 por ciento. Santander, también de España, extrae de las comisiones sólo 20 por ciento en ese país, pero en México consigue 39 por ciento, casi el doble.

Las altas comisiones que los bancos imponen a sus clientes en México les dieron a ganar más de 108 mil millones de pesos en 2017, una cantidad que es ocho por ciento superior a la de 2016. Y sólo por las comisiones, indica el estudio que acompaña la iniciativa de Monreal. Precisa que en el primer trimestre de este año, 51 por ciento de las utilidades reportadas por los bancos se derivaron del cobro de comisiones, y en datos hasta mayo alcanzaron más de 65 mil millones de pesos.

Es conocido de sobra que los bancos pagan intereses irrisorios por el dinero que los cuentahabientes invierten en ellos, pero en cambio cobran hasta por respirar. La iniciativa recuerda que existen 35 conceptos de comisiones, y que el Banco de México tiene un registro “de 5 mil 310 comisiones específicas por diversos productos y servicios”. Se trata, en suma, de un abuso legalizado, que saca “provecho de la desinformación de sus usuarios”.

La disminución de las comisiones, o la supresión de algunas de ellas, no dejaría en la pobreza a los bancos. De hecho, en México no hay negocio más seguro que el de la banca. Cuando López Portillo nacionalizó los bancos en 1982, los dueños fueron indemnizados más que generosamente, por encima de lo que valían. Y allí está la historia del Fobaproa, el mecanismo que en el gobierno de Ernesto Zedillo trasladó a los bolsillos de los mexicanos las pérdidas (muchas de ellas falsas) que los bancos sufrieron durante la crisis de 1995.

En el polo opuesto del trato preferencial que las autoridades han otorgado siempre a los propietarios de la banca, que entre otras cosas se refleja en las comisiones, es claramente dudoso el compromiso que éstos asumen con el desarrollo del país, pues si prestan dinero, lo hacen teniendo como prioridad su ganancia y con intereses de usura. Por eso sorprende la reacción de López Obrador y el freno que impuso a la iniciativa del senador Monreal en un tema de manifiesta utilidad social.

La reforma que Monreal propone modera el abuso de los bancos contra sus clientes en el cobro de comisiones, no ataca ni atenta contra el sistema bancario como podría pensarse si solamente se tomara en cuenta la histérica reacción de los banqueros y de los mercados financieros. Parte de un principio inobjetable: que los bancos extranjeros cobren en México comisiones en los mismos porcentajes que cobran en sus países de origen. De lograrse, la aplicación de ese criterio pondría fin a un injusto abuso del que es objeto hoy la población mexicana.

Que la reforma debe realizarse con el debido cuidado (con bisturí, no con machete) para no afectar a los mercados financieros ni el curso de la economía, está fuera de discusión. Ayer, la fracción de Morena en el Senado reiteró públicamente su apoyo a la iniciativa de Monreal, pese al anuncio que López Obrador hizo el viernes para apaciguar a la Bolsa, de que en los tres primeros años de su gobierno no haría ninguna reforma a las leyes que regulan el sistema bancario, con lo cual desautorizó el proyecto. Pero López Obrador no puede oponerse a una acción que se encuentra en la lógica de sus propuestas de gobierno y combate la rapacidad empresarial que tanto denunció en su campaña. Lo bueno es que el Poder Legislativo es independiente del Ejecutivo, y que López Obrador se comprometió a respetar esa independencia. A ver si es cierto.

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