¿Qué estarías dispuesto a hacer para salir en televisión o en cualquier otro medio de difusión para ser reconocido por los demás y no vegetar en un espantoso e insoportable anonimato? 

Martha Cupa León

¿Contarías, por ejemplo, los más sórdidos asuntos de tu familia en un programa lacrimógeno con tal de ser reconocido al día siguiente en el supermercado y firmar autógrafos?

Dice Umberto Eco que en el mundo futuro (que se parecerá al que ya se está configurando hoy), la gente hará cualquier cosa con tal de que la “vean” o “hablen de ella” y que con tal de adquirir cierta fama hay quien está dispuesto a declararse cornudo, impotente o estafador. “… de hecho, los expertos en psicología criminalista no ignoran que lo que mueve a actuar al asesino en serie es ser descubierto y hacerse famoso”. 

En su libro De la estupidez a la locura, una serie de artículos que Eco publicó en la prensa a lo largo de 15 años y seleccionó personalmente poco antes de fallecer en 2016, afirma que “el ser humano, para saber quién es, necesita la mirada del otro, y cuanto más le admira o ama el otro, más se reconoce (o cree reconocerse) y si en vez de un solo otro son cien mil, o diez mil, mucho mejor, se siente completamente realizado”. 

Eco menciona un artículo de Zygmunt Bauman aparecido en La Repubblica en el que se destaca que las redes sociales (en especial Facebook), que representan un instrumento de vigilancia del pensamiento y de las emociones ajenas, son utilizadas por distintos poderes con una función de control, gracias a la colaboración entusiasta de quienes forman parte de ellas: por primera vez en la historia de la humanidad, los espiados colaboran con los espías para facilitarles el trabajo, y esta entrega les proporciona un motivo de satisfacción porque alguien les ve mientras existen como criminales o como imbéciles. 

El semiólogo, filósofo, ensayista, novelista, columnista y una de las voces más elegantes del periodismo italiano critica a un consumismo “que nos llena de cosas la vida, pero nos la vacía de pensamientos maduros y elaborados”. Señala que en nuestra búsqueda de reconocimiento social se malinterpreta el doble significado de dicho “reconocimiento”: todos aspiramos a que se reconozcan nuestros méritos, o nuestros sacrificios, o cualquier otra buena cualidad nuestra; pero cuando, tras haber aparecido en la pantalla, alguien nos ve en la calle o en cualquier otro lugar público y nos dice “Ayer le vi en la tele”, simplemente nos “reconoce”, es decir, reconoce nuestro rostro, que es bastante diferente.

¿Qué estarías dispuesto a hacer para que la gente te vea o hable de ti? ¿Buscarías que reconozca tus méritos, o que simplemente reconozca tu rostro?