Jorge Meléndez Preciado

La detención y extradición de Julian Assange, el creador de Wikileaks, si bien no era algo que se esperaba en este momento, si veía venirse ya que el señor Lenín Moreno, ha sido un traidor a Rafael Correa- quien le dio asilo al australiano en la embajada de Ecuador en Inglaterra el 19 de junio de 2012- y está plegado a los intereses de los Estados Unidos claramente. Días antes, para que todo quedara muy claro, Moreno recibió un préstamo del FMI de 4 mil 200 millones de dólares. También había aceptado la política yanqui para darle el respaldo como “presidente” de Venezuela a Juan Guaidó.

Según las autoridades ecuatorianas, Assange era un “riesgo para la seguridad de Ecuador” (sic que es un peligro para el mundo), lo cual muestra la fragilidad de un estado que se queja porque un individuo en su sede fuera del país tiene un teléfono, burla cámaras de seguridad y no acepta dócilmente las reglas de los empleados de esa legación. Lo que, de ser cierto, muestra que los estados son una quimera, algo real en esta época de neoliberalismo.

No se dijo que Julian había investigado los Ina Papers, donde Moreno está implicado con sus parientes en dinero sucio. Menos que debido al conflicto del Brexit, el también llamado Reino Unido necesita una victoria pírrica y un distractor para no seguir mostrando la torpeza de su gobierno, con Teresa May a la cabeza. Y menos que Trump, quien antes elogiaba a Wikileaks, ahora dice no saber nada del asunto, pero utilizará la extradición de Assange para su reelección.

El ataque contra Julian Assange es un golpe a la libertad de información, de expresión y de búsqueda de los malos pasos de los gobiernos. Debemos sumarnos a Anonymous: Ecuador, Inglaterra y Estados Unidos se arrepentirán de esta medida contra la libertad y la democracia.

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