¿Qué ha ocurrido después de la “brillanteada” del 12 de agosto del año pasado, cuando las mujeres se apropiaron de lo que ahora es un símbolo de la lucha feminista: la diamantina rosa? 

Martha Cupa León

Sin duda, 2020 llegó con bríos contra la violencia de género: el 14 de febrero cientos de mujeres se manifestaron frente al Palacio Nacional e instalaciones de medios de comunicación para protestar contra los feminicidios de la niña de siete años Fátima Cecilia Aldrighett Antón e Ingrid Escamilla, de 25 años de edad.

El 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, fue la última manifestación masiva: reunió a más de cien mil mujeres contra la violencia de género. Con la llegada de la pandemia y el confinamiento, disminuyeron las marchas feministas y fue hasta el 31 de julio cuando, en medio del coronavirus, la Ciudad de México fue testigo de otra protesta protagonizada por ciudadanas que apoyaban a las veracruzanas que alzaron la voz por el derecho al aborto legal ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El primer trimestre de 2020, en plena emergencia sanitaria por la pandemia de covid-19, fue el más violento para las mujeres en México desde el inicio de la estadística por género, en 2015: según cifras de las fiscalías estatales, compiladas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a marzo del año en curso hubo 244 feminicidios. Esto significa que después de la brillanteada se ha avanzado muy poco respecto al derecho de las mujeres a una vida libre de violencia.

La violencia contra las mujeres es cualquier acción u omisión, basada en su género, que les cause daño o sufrimeinto psicológico, físico, patrimonial, económico, sexual, o la muerte tanto en el ámbito privado como en el público. 

La simbólica brillanteada del 12 de agosto de 2019 comenzó cuando varias mujeres protestaron contra los abusos de poder la la policía y especialmente por la revictimización de una joven adolescente que presuntamente fue violada por policías capitalinos. Las mujeres marcharon hacia la Procuraduría General de Justicia (PGJ) y hacia la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). En este último punto una joven aventó una nube de polvos púrpura que cubrió al secretario de Seguridad Ciudadana, Jesús Orta Martínez, quien tomó el gesto como una provocación. Posteriormente, en rueda de prensa, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y la procuradora General de Justicia, Ernestina Godoy, señalaron, entre otras cosas, que esas mujeres agredieron” al funcionario. 

Cuatro días después de la manifestación cientos de mujeres se reunieron frente a la Glorieta de Insurgentes vestidas de negro con diamantina en mano. Posteriormente la concentración cambió de lugar y nuevamente la Secretaría de Seguridad Ciudadana se volvió sede de la protesta. Ahí, cientos de mujeres llenas de enojo, y sobre todo dolor, alzaron la voz para exigir a las autoridades más seguridad hacia las mujeres.

Hoy, a más de un año de la brillanteada, las cifras de feminicidios hablan por sí mismas: muchas mujeres siguen siendo víctimas de la violencia de género. ¿Cómo debemos actuar para que se detenga? ¿Qué nos corresponde hacer a cada mujer desde nuestros espacios académicos, periodísticos, sociales…? ¿Dónde, cuándo luchar y crear estrategias para lograr que las mujeres puedan ejercer su derecho a una vida libre de violencia? La respuesta es aquí, ahora y siempre: hasta que la violencia de género sea algo impensable.