México, 10 sept 2019.-La sangrienta inseguridad en todo el territorio lleva en sus listas, con los miles de víctimas de toda clase de delitos hasta culminar con la privación de sus vidas, a no menos de 12 periodistas de alguna manera vinculados con su trabajo; probadamente en ocho de esa docena, tal y como lo relata en su crónica David Saúl Vela (El Financiero, 5 de agosto de 2019) y la de Víctor Usón (El País, 5de agosto de 2019), que se añaden a los asesinados desde el año 2000; reporteros sobre todo, a los que se les quitó la vida por informar de todos los hechos de la incontenible violencia que tiene a los mexicanos aterrados. Ya en funciones la militarización policiaca para tratar de parar esa crueldad, los resultados –temprano o no– son menos que mínimos; ya que, armados hasta los dientes, los delincuentes no paran de sembrar y cosechar una ferocidad con la ventaja del cazador.

Existe una implacable inseguridad. Todos los mexicanos temen por sus vidas. Cuando no son los secuestros, las ejecuciones (entre esos los feminicidios, las violaciones sexuales, los matones en motocicletas, etcétera) y las desapariciones, los cientos de fosas clandestinas repletas de cadáveres. Obviamente tenemos malos gobiernos municipales, en las entidades y en el ámbito federal, por lo que hace el ensañamiento de quienes compran armas (hasta por internet, como la homicida que ultimó a dos narcotraficantes a plena luz del día), para con ellas asaltar y matar por matar, en un furioso aumento criminal.

Así que dentro de esa tragedia se cuenta a los reporteros, la parte fundamental del periodismo. Y no escapa a ese drama ninguna entidad; buscando los asesinos impedir, sobre todo, la información en general, para que los delincuentes tengan el camino franco para sus arrebatos sangrientos.

Si de Miguel de la Madrid a Peña, empezando por el crimen de Manuel Buendía, la cifra es de 130 periodistas ultimados; los 12 del primer semestre lopezobradorista resultan alarmantes. Aún en medio de los miles de homicidios que ya marcaron a esos sexenios. Lo que sucede es que se trata de amordazar a la prensa matando a sus periodistas. Pero ni así han dejado los medios impresos –sobre todo– de continuar con sus tareas para que los lectores tengan información de lo que ocurre diariamente. Periodistas y editores en las redes han sido, a su vez, muertos. Y como acaba de acontecer, en menos de 4 días ocurrieron tres homicidios y, el más reciente fue el de Jorge Ruiz del Gráfico de Xalapa.

Así que estamos inmersos en una oleada de sangre de mexicanos que no parece tener final y sí, en cambio, la cifra va en aumento a pesar y muy a pesar de las medidas para disminuirla. Además de la promesa de impedir que esa criminalidad deje de arrancarle la vida. Con los periodistas, pues, otros mexicanos, con el acento en los feminicidios, son asesinados con una casi total impunidad.

Nadie puede contener esas desgracias. Y la nación clama y reclama que se encuentren las fórmulas policiacas-militares que resuelvan esa irrefrenable furia que ha llegado ya al matar por matar.

Los 12 periodistas asesinados en este arranque del sexenio de López Obrador, nos dice que las delincuencias no cederán. Tan es así que esos homicidios están a la orden del día, para sembrar cadáveres y cosechar el terror por todo el territorio. Y de esta manera tenernos en manos de quienes fácilmente compran armas y con ellas asesinan a los reporteros para mermar las filas del periodismo. Lo que ha estado ocurriendo a lo largo y ancho del país ejecutando periodistas, repito, entre los otros miles de homicidios, muestra que hay impunidad ante la fácil manera de adquirir armas y descargarlas implacablemente sobre mexicanos inocentes.

La delincuencia sabe que sus hechos son conocidos por la actividad de los reporteros que publican lo que investigan, y esto los pone al descubierto de sus crueldades para obtener sus fines. Debe ser reducida a su máximo la inseguridad para remediar la violencia en todas sus acciones; combatir la facilidad para tener armas, si queremos hacer imperar la paz que conlleva a la tranquilidad de toda la sociedad; la que no encuentra la forma de cómo sacarle la vuelta a ese infierno homicida. Repito, en el último semestre, 12 periodistas han sido víctimas de cazadores de seres humanos.

“La prensa local mexicana soporta la presión constante del crimen organizado, a cuyas tramas cabe atribuir la mayor parte de los asesinatos de periodistas y las múltiples amenazas y ataques que los profesionales de la información reciben ante el intento de grupos delictivos y gubernamentales por el tener el control de esos resortes de presión”, escribió el corresponsal Víctor Usón.

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