¿Qué sucede cuando se prohíbe la producción y consumo de cualquier mercancía para la que existe demanda? Se viola la ley y surge el mercado negro.

 

Martha Cupa León

La guerra global contra las drogas ha fracasado con consecuencias devastadoras para las personas y las sociedades alrededor del mundo. Al basarse en un paradigma punitivo de aplicación de la ley, el régimen internacional de control de drogas ha tenido como resultado más violencia, más personas en prisión, mayores daños a la salud asociados con el uso de narcóticos. México es uno de los ejemplos más dramáticos de este fracaso y sus costosas consecuencias.

Al considerar los resultados, los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto perdieron la guerra contra el narcotráfico: México sigue enfrentando problemas vinculados con las drogas, reflejados en los altos niveles de violencia y el aumento de actividades ilícitas como el secuestro y la extorsión. Una docena de cárteles del narcotráfico luchan por controlar el territorio y las rutas de trasiego de drogas en el país, lo que genera luchas sangrientas. 

Desde la creación de un discurso bélico en el que a partir del primero de diciembre de 2006, la población mexicana quedó en medio, por un lado, de una delincuencia organizada a la que se le atribuyen secuestros, levantones, cobros de piso, ventas de drogas ilícitas, tráfico de armas, de personas, asesinatos, cuerpos desmembrados.. y, por el otro, de las fuerzas armadas con prácticas paralelas de la propia ilegalidad: detenciones al margen de la ley, violaciones y desapariciones forzadas, entre otros actos violatorios de derechos humanos.

Lo anterior se puso de manifiesto durante el curso virtual “Guerra contra el narcotráfico: antecedentes internacionales y nacionales” impartido durante este mes de septiembre por Jorge Jiménez y organizado por el Museo Memoria y Tolerancia. Aquí se destacó la necesidad un nuevo enfoque, uno que saque del poder al crimen organizado y trate a las personas con problemas de adicción como pacientes, no como delincuentes. “Comencemos a tratar las adicciones a drogas como un tema de salud, reduciendo la demanda de drogas a través de iniciativas educativas comprobadas y regulando legalmente el  cannabis en lugar de criminalizarlo” fue la propuesta principal que surgió en el evento.

Al repasar histórica y culturalmente los usos de drogas, vemos que es una actividad que se da en todas las sociedades de todas las épocas. En 1875 en San Francisco se prohibió el opio, pues se consideraba que su empleo era una amenaza para la moral. Con esta medida aumentó el rechazo a su principal consumidora: la comunidad china. Del mismo modo se estigmatizó a la comunidad mexicana por su alto consumo de marihuana, y a la comunidad afroamericana, por su afición a la cocaína. 

En Estados Unidos, la prohibición del opio y el crecimiento de su sucedáneo: la morfina, se debió principalmente al avance del puritanismo en este país, como reacción a prácticas socioculturales de grupos extranjeros, especialmente de los nativos e inmigrantes asiáticos, latinos y negros. Asociaban sus prácticas de consumo de sustancias psicoactivas con males sociales como el delito y la “degeneración de la raza blanca”.

Una opinión pública adversa fogoneada por la prensa, el discurso político de que los “narcóticos” son la causa principal de los problemas sociales modernos y, por supuesto, los daños a la salud observados en los consumidores crónicos, fueron los factores que contribuyeron a instalar con fuerza la idea de la prohibición del opio.

En 1912 tuvo lugar la “Convención internacional del Opio”, firmada en La Haya: fue el primer acuerdo internacional entre Estados con el fin de regular el comercio de estupefacientes y restringir su uso a los fines científicos y/o médicos. A partir de entonces, los médicos fueron los únicos autorizados para suministrar cocaína y opiáceos.

En 1914 surgió la Ley Harrison como la  institucionalización del enfoque prohibicionista. Establecía que cualquier uso “no médico” de drogas era de naturaleza inmoral. Esta ley ayudó a construir el narcotráfico y narcomenudeo modernos. 

Al poco tiempo, médicos y dentistas eran perseguidos por recetar opio o cocaína a consumidores habituales o que habían desarrollado dependencia debido al uso de estas sustancias en los tratamientos (ambos eran utilizados para reducir el dolor en las cirugías odontológicas). De esta manera, el control sobre las drogas dio un giro clave: pasó del control médico y farmacéutico al control policial. Dos nuevos actores se impusieron en el escenario, centrales y necesarios para el desarrollo de la prohibición: la justicia y las fuerzas de seguridad.

En 1919 se estableció la Ley seca. Al derogarse esta en 1933 ¿hacia dónde se desplazó la prohibición y criminalización? Hacia la marihuana, el opio y la cocaína. ¿Y qué ocurrió con las instituciones persecutorias del alcohol? Cambiaron las leyes.

En la década de los 60 el consumo de drogas seguía en expansión. Fue la época en que diversos movimientos contraculturales encontraron en el consumo de drogas psicodélicas un vehículo de expresión. Su objetivo era “mostrar el alma”.  Emplearon drogas como forma de manifestar que no eran delincuentes, ya que se trataba de un “delito sin víctima”.

Al considerar el presidente estadounidense Richard Nixon que “La homosexualidad, las drogas y la inmoralidad en general son los enemigos de las sociedades fuertes”, el 17 de junio de 1971 inició la guerra contra las drogas, castigando a productores, distribuidores y consumidores. “Nuestro objetivo es la rendición incondicional de los comerciantes de la muerte que trafican con heroína. Nuestro objetivo es desterrar por completo el consumo de las drogas de la vida estadounidense. Luchamos por la vida de nuestros hijos y su futuro es la razón por la que debemos vencer”, señaló Nixon. 

El primero de julio de 1973 surgió la DEA (Drug Enforcement Administration). En 1989 EU invadió Panamá para capturar a Manuel Antonio Noriega; 1993 formó el bloque de búsqueda para la captura de Pablo Escobar, y en 1999 creó el Plan Colombia. Con la cartelización se volvió más rígida la política antinarcóticos. Se fortalecieron los narcotraficantes más importantes y organizados. Se generó mayor corrupción y violencia. Los sembradíos de drogas se multiplicaron. 

Después de este recorrido por la historia de las drogas, nos damos cuenta de que no ha resultado sencillo plantear alternativas a la postura rígida respecto al prohibicionismo de las mismas. En su origen jugaron un importante papel cuestiones de índole moral, étnica y religiosa de base fundamentalista, que fueron llevadas al campo de la política pública bajo argumentos también rígidos y sensibles, relacionados sobre todo con la seguridad, el cuidado de la salud y la protección de la civilización, En este contexto, cualquier cuestionamiento, crítica o propuesta alternativa suele producir reacciones descalificadoras a partir de las cuales quien critica pasa a ser definido de  inmediato como alguien que está  “a favor de las drogas”. 

Por tanto, una propuesta de algunos analistas del tema de la guerra contra el narcotráfico es que los Estados dejen de criminalizar a las personas por el uso o la posesión simple de sustancias ilícitas y que se les trate como pacientes, no como delincuentes. Que se comience a tratar las adicciones a drogas como un tema de salud, reduciendo la demanda de drogas a través de iniciativas educativas comprobadas.