*Se podría predecir que el tiempo venidero será desastroso. Pero los futurólogos han fracasado en sociedades con muchos acontecimientos y actuaciones humanas. Tal vez ocurra lo inesperado. Quizá en 2021 se reactive la economía.  

Martha Cupa León

 

El Siglo XX fue de guerras, revoluciones y calamidades naturales. Ante la llegada del Siglo XXI, los baby boomer (quienes traemos en la carne y la sangre la catástrofe) no esperaríamos una Tercera Guerra Mundial ya que, en la actualidad, el desarrollo de los medios de la violencia ha alcanzado tal grado de poder destructivo que las superpotencias ya no consideran eficaces los conflictos armados porque saben que si una gana, es el final de todos.

Las nuevas generaciones no ven con entusiasmo el futuro porque se volvieron conscientes de la posibilidad de la catástrofe. Al formularle a algunos jóvenes dos sencillas preguntas: “¿Cómo te imaginas el mundo dentro de 20 años?”, o “¿cómo te percibes dentro de cinco años?” las respuestas generalmente vienen precedidas por las frases “si es que aún hay mundo” o “si es que todavía estoy vivo”. Las circunstancias les provocan la inseguridad de poseer un futuro.     

A la Segunda Guerra Mundial no le siguió la paz, sino la Guerra Fría. Los adelantos científicos y tecnológicos de los países líderes podrían dar lugar a una guerra termonuclear, pero esta sería un medio de suicidio universal. Por tanto, se podría haber predicho que en el presente siglo el objetivo racional de las naciones más poderosas del mundo sería garantizar la paz, la cual se alcanzaría primordialmente por medio de la disuasión: la estrategia que intenta hacer desistir a un adversario de iniciar una acción bélica contra otro Estado. 

Sin embargo, las previsiones del futuro no funcionan en un mundo regido por acontecimientos, es decir, por hechos que interrumpen los procesos y procedimientos rutinarios. Los futurólogos podrían acertar solo en lugares donde nada importante sucede porque las situaciones que prevén son proyecciones del presente que sería muy probable que ocurrieran si los hombres no actuaran o si no ocurriera nada inesperado. 

Al respecto, el filósofo político y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon señaló que “La fecundidad de lo inesperado excede con mucho a la prudencia del estadista” y Hannah Arendt, en su libro Sobre la violencia agregó que lo inesperado supera aún más a los cálculos del experto.

La pandemia de coronavirus que se manifestó a comienzos de 2020 fue algo inesperado. Comenzó en China y empezó a expandirse a Europa, Estados Unidos, Latinoamérica… Se esparció por el mundo entero. No es una en guerra, pero se percibe como si lo fuera: muertes acumulativas, miedo, incertidumbre y, como consecuencia, la pobreza.

Nos tomó por sorpresa. Estamos desconcertados, reina la incertidumbre. Carl von Clausewitz, uno de los más influyentes historiadores y teóricos de la ciencia militar moderna define a la guerra como “la continuación de la política por otros medios”. Como he dicho, declararse la guerra entre las potencias equivaldría al suicidio universal.

En México estamos desconcertados: la cuarentena no son vacaciones. No debemos salir de casa porque nos podemos contagiar y si nos contagiamos los recursos del país no serían suficientes para atendernos. Estamos viviendo una nueva realidad, una realidad rara, casi surrealista. A nivel internacional no se había experimentado una situación como esta después de la Segunda Guerra Mundial… Pero no estamos en guerra.  

Entre mis conocidos he escuchado algunas teorías, por ejemplo, que los países líderes están resistiendo un estancamiento económico. Que antes, las guerras servían para destruir las cadenas productivas existentes e introducir un nuevo sistema de producción. Que como hoy una guerra es suicida, una pandemia podría ser una nueva forma de echar a andar los cambios que no es posible realizar en una situación socialmente estable. Que, quizá, lo que estamos viviendo es un experimento donde el laboratorio es la vida de las personas… 

Hay otras teorías que los lectores podrían aportar, pero la realidad es que el virus existe y se está propagando. Quizás no es tan letal como otras enfermedades, pero es muy contagioso y podríamos morir si lo adquirimos. Por eso, lo mejor hoy es quedarse en casa.       

La pandemia llegó inesperadamente. Con base en las circunstancias actuales se podría predecir que el tiempo venidero será desastroso. Pero los futurólogos han fracasado en sociedades con muchos acontecimientos y actuaciones humanas. Tal vez ocurra lo inesperado. Quizá en 2021 se reactive la economía.