*Las muchas cosas que dice de las sectas y sus ásperos razonamientos, constituyen un señor alegato en contra del ilícito negocio de ofrecer paz y salvación para obtener dinero.

 

Por Tomás Tenorio Galindo

En la primavera de 1954, Sun Myung Moon, un humilde coreano que vivía de hacer instalaciones eléctricas, fundó la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo, una institución que en 36 años de perseverante trabajo ha perdido la largueza de su nombre para quedar en iglesia de la Unificación, y ha ganado con largueza en prosperidad y beato. En la actualidad recoge de limosna. en todo el mundo, 80 millones de dólares cada año. Y posee negocios cuyas utilidades anuales superan los 400 millones de dólares. Se trata, en realidad, de un impresionante desplumadero a escala planetaria y tiene un sólo dueño: Sun Myung Moon, el reverendo Moon. 

Este enigmático y pequeño predicador, que asegura haber sido instruido por el mismísimo Jesucristo, dirige desde la penumbra ese enorme pulpo. Hace algunos años. El reverendo Moon fue encarcelado en Estados Unidos bajo la acusación de fraude fiscal, y según parece quedó libre tras la colérica invocación de ignotos poderes. Entre sus empresas se halla el diario Washington Times, de dudosísima honorabilidad pero sin duda de los mejores fincados económicamente, con ingresos mensuales de por lo menos dos millones de dólares.

Al cabo de tantos años, la iglesia de la Unificación ha terminado por revelar, involuntariamente, la chapucería de su doctrina y sus mundanos métodos para esquilmar incautos. Es la secta Moon, como ya se le conoce también, cuyos propósitos están resumidos en una extraña y sospechosa fórmula: derrotar al demonio y al comunismo. En la historia mundial de las sectas no parece haber ninguna más rica, lo que equivale a decir ninguna más poderosa, ni más sumergida en el laberinto de los bajos fondos del poder terrenal. El pregón personal de Sun Myung Moon, perfeccionando en la experiencia, es de una simpleza irrefutable: los dólares.  Según el reverendo Moon, los dólares “sufren y lloran” cuando no están en las beatíficas manos de su secta. Y se lamenta públicamente:  “¿Cómo van a ser felices los billetes verdes en las manos del pecador ¿Por qué no hacer que sean felices? Todos están destinados a ir hacia el Padre”. Es decir: él.

Y con fines tan puros, si el objetivo es ganar la gloria del cielo, los medios para obtener los dólares es cuestión menor. Por supuesto.

Día tras día, aunque usted no lo crea, la cruzada de Moon avanza. Un ejército dc miles de moonistas sale cotidianamente a las calles de las principales ciudades del mundo a exprimir a la caridad pública, y otros miles trabajan en las empresas del emporio sin recibir salarios, motivados con la triquiñuela de que sus sueldos servirán a la magna obra de desterrar a Satán.

La feroz lucha del reverendo Moon contra el comunismo lo puso a la cabeza de tenebrosas intrigas internacionales en las que ha estado involucrada incluso la CIA. El pequeño Moon es, fuera de sus templos, un auténtico pájaro de cuenta frente a quien Al Capone se habría quitado el sombrero.

La anticomunista Iglesia de la Unificación es conocida por sus bodas masivas, en las que Sun Myung Moon emparejaba como le venía en gana a miles de fieles

Estableció nexos de sangre con la Liga Anticomunista Mundial, a cuya preservación destina generosamente una porción de las colectas. Y ha participado en la desestabilización inducida de gobiernos, actividad de triste atraigo en América Latina.

Colaboró con el general Luis García Meza para dar el golpe de Estado que lo hizo presidente de Bolivia en 1980, y con la dictadura militar de Argentina. 

La historia de la secta Moon es sólo una de las muchas que denuncia Pepe Rodríguez en su libro El poder de las Sectas (Ediciones B, 1990, España) Otras organizaciones de la misma catadura, como la Dianética, los Testigos de Jehová  y los Hare Krisna –de fuerte presencia en México-, no se quedan a la zaga de Moon ni en recursos económicos ni en el refinamiento del embuste.

Sería difícil encontrar una técnica más ruin pura cautivar adeptos. Someterlos a una intensa presión psicológico ponerlos casi en contra del mundo y más tarde devolverlos amansados por una chambona doctrina de la salvación, y por sí eso fuera poco, desplumados. Ese método eficaz para meter las manos en Bolsillo ajenos pertenece por derecho de antigüedad al enrarecido submundo de las sectas destructivas, como las llama Pepe Rodríguez en su interesante y tosco libro.

Pepe Rodríguez, un sagaz periodista español, desempolvó sus archivos y aguzó su olfato de topo para lanzarse a la virtual persecución de los pretensos mesías. y con tan buena puntería, que los deja en cueros, expuestos a los ojos del mundo. Despedaza, una a una, la prédica de las incontables sectas que han echado raíces en España y revela los pormenores del; fraude contra quienes buenamente se acercan al anzuelo.

Aunque el libro de Pepe Rodríguez no es un dechado de estilo, sino más bien un amontonamiento de información asada en una minuciosa documentación, cumple cabalmente su propósito.

Las muchas cosas que dice de las sectas y sus ásperos razonamientos, constituyen un señor alegato en contra del ilícito negocio de ofrecer paz y salvación para obtener dinero.