OTRO PAIS

 

Tomás Tenorio Galindo

Un notable sesgo de enfoque y falta de información hizo decir el sábado pasado al diario The Washington Post que las relaciones entre México y Estados Unidos podrían empeorar si en las elecciones del 1 de julio gana el “populista de izquierda” Andrés Manuel López Obrador.

Llamó la atención del periódico que López Obrador haya dicho la semana pasada que, con él al frente del gobierno, “ni México ni su gente serán tratados como una piñata por ningún gobierno extranjero”. Pues sí, no habría sido admisible ninguna posición sumisa, ni de parte del candidato de Morena ni de ninguno otro.

El Post atribuye a López Obrador desprecio hacia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y por esa presunción lo compara con el presidente Donald Trump, razonamiento en el cual funda la conclusión de que “por supuesto, si los mexicanos eligen a López Obrador, los principales motivos serán nacionales”. Pues sí, ni modo que López Obrador viera por intereses y motivos extranjeros.

No tomó en cuenta el diario que no sólo fue López Obrador el que reaccionó indignado frente a la nueva decisión de Trump de utilizar tropas de la Guardia Nacional para fortificar su frontera con México, sino también los otros tres aspirantes presidenciales, y señaladamente el que ocupa el segundo lugar en las encuestas, Ricardo Anaya, quien se mostró más enojado que su contendiente de Morena, pues propuso cancelar toda cooperación con Estados Unidos.

Algo significa que la determinación de Trump de recurrir al ejército para vigilar la frontera con México haya despertado el celo nacionalista de los cuatro candidatos presidenciales, y que esa coincidencia haya sido resaltada por el presidente Enrique Peña Nieto en el mensaje que transmitió en cadena nacional de televisión para responder al presidente estadunidense. Habría sido reflejo de una atrofia mayúscula que esa coincidencia no se hubiera presentado.

No parece, sin embargo, que el acento que el diario estadunidense puso en López Obrador sea casual. Hay más de fondo en ese texto del Washington Post, pues no se limita a señalar el probable deterioro en las relaciones bilaterales si López Obrador gana la Presidencia de la República –relaciones que quien pisoteó fue Trump e incluso antes de asumir el poder–, ni sólo apunta que “las relaciones entre Estados Unidos y México estarán en manos de los populistas en duelo que verán una ventaja política al destrozarla”, sino que de todo lo anterior deriva una conclusión adicional: que al igual que Donald Trump, a López Obrador le gustaría llevar al país al pasado, “en su caso, el México estatista de los años setenta”.

Lo interesante de esta última línea del editorial del Washington Post es que recoge con exactitud los argumentos que serán la base de la campaña de Ricardo Anaya para combatir a López Obrador, según lo ha expuesto en abundancia y anticipó Jorge Castañeda, asesor del candidato del PAN para ese tema. Según la explicación de Castañeda, el equipo de Anaya –o él, más precisamente— encuentra grandes similitudes entre la personalidad política y el programa de López Obrador con el ex presidente Luis Echeverría, y se disponen a explotar esa supuesta veta de la forma en que lo describe el periódico estadunidense: como un intento de llevar al país al pasado echeverrista.

No es necesario que la argumentación de Castañeda y del Washington Post sean fieles a la verdad y a la historia, pues de lo que se trata es de estigmatizar a López Obrador con una variante de aquella campaña lanzada en el 2006 con la acusación de que era un “peligro para México”.

Las relaciones de México con Estados Unidos no podrían ser peores con López Obrador de lo que son ahora por la irresponsabilidad de Donald Trump, pero la utilización del Washington Post para atacar a un contrincante en la lucha por la Presidencia no es solamente batalla política, sino un indicio de los fuertes intereses que están siendo movilizados para frenar otra vez al candidato de Morena.

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