El ataque a balazos a un ex policía ocurrido a un costado de la Secretaría de Seguridad Pública de Acapulco, es una humillación de la delincuencia hacia el gobierno del presidente municipal Evodio Velázquez Aguirre y anticipa que no habrá ni un logro en la materia que pueda mostrar en su Segundo Informe.

Las notas periodísticas dan cuenta de que esa agresión armada ocurrió en pleno mediodía, cuando dos hombres a bordo de una motoneta dispararon en seis ocasiones a un negocio de artículos policiacos, propiedad de un ex agente municipal, en las narices de la jefatura de la Policía del municipio.

Incluso, hubo testigos que afirmaron que los primeros en correr a refugiarse fueron los policías municipales y que no dieron alcance a los agresores ¡porque supuestamente no había patrullas a la mano!

¿Qué va a informar hoy el alcalde Evodio Velázquez en materia de seguridad? ¿Que disminuyó la violencia, como ha sido su increíble cantaleta en los últimos meses? ¿Que a él sólo le toca la prevención del delito y que su policía sólo está para detener borrachitos y nunca a gente armada? ¿Y qué dirá acerca de que no ha certificado a los agentes municipales y que tiene a todos los policías reprobados con uniforme, placa y patrullas en las calles?

Los servicios públicos tampoco son lo mejor de lo que pueda informar. La recolección de basura está peor que nunca, los baches se multiplican por doquier, la falta de alumbrado público es queja recurrente de los ciudadanos y sobre todo, no se ve por ningún lado la continuación de la ampliación de la red de agua potable ni de la obra pública.

Evodio Velázquez no tiene de otra: rendirá un informe sin resultados, con cifras repetidas del año pasado, lleno de paja y acciones sin importancia, que en nada han contribuido para que Acapulco supere la crisis en la que se encuentra sumido en los últimos meses.

Sin tantita pena, rendirá un informe adjudicándose obras y programas del gobierno del estado y de la federación, como la construcción del Macrotúnel, como la inconclusa remodelación del Zócalo y como el remozamiento de La Quebrada y de Caleta y Caletilla, por mencionar sólo algunos.

La ciudad está tirada y su gobierno es un completo desastre. Esa es la consecuencia de estar siempre ausente, por dedicarse más a la grilla, por andar siempre de viaje y por privilegiar lo que él defiende como su derecho al recreo.

La peor parte es que cuando se marche, el sello que dejará es el de no haber sabido administrar y de haber derrochado el dinero público.

Pero sobre todo, de no haber podido afrontar, acallar ni contener los constantes señalamientos por supuestos actos de corrupción, enriquecimiento y negocios al amparo del poder.

Así pasará a la historia Evodio Velázquez, a quien ya se le fueron dos años repartiendo culpas, victimizándose bajo una ficticia adversidad y ataques en su contra, y perdiendo el tiempo en pleitos frente a molinos de viento, mientras Acapulco sortea su peor crisis de violencia, económica y de falta servicios públicos.

A estas alturas del trienio, ya no queda ninguna duda de que su reelección está condenada al mismo fracaso de su gobierno.