*Los tiempos actuales son de grandes definiciones.

Por Jorge Meléndez Preciado

 Ciudad de México. 10 de octubre de 2020.- Los tiempos actuales son de grandes definiciones. No obstante que varios charlatanes (Trump, en primer lugar) han logrado que los ciudadanos muerdan el anzuelo que sus políticas demagógicas son transformadoras, la realidad va ganando el paso a esos individuos falaces. Incluso con ejemplos como la infección de Covid 19 al propio Donald.

La iglesia, por otro lado, pudo seguir adelante con publicistas como anteriores jerarcas. Pero se ha dado cuenta, irremediablemente, que debe retomar su espíritu humano para no continuar perdiendo adeptos. Esto último es lo que motivó la llegada del Papa Francisco. Este ha puesto el acento en hacer un ministerio más cercano a la gente; más humano con el objeto de acercar a sus fieles.

Recientemente, el también llamado Papa Panchito (saludos, don Froylán López Narváez), lanzó la encíclica: Hermanos todos, en la cual hace una serie de consideraciones acerca de los principales asuntos que conciernen a la humanidad.

Mediante una introducción y seis capítulos, basados en las Admoniciones de San Francisco de Asís, el pontífice llama a hacer una sociedad fraterna, la cual esté basada en el amor de Dios, pues en este mundo interconectado y globalizado sólo podemos salvarnos todos juntos.

Exhorta a la fraternidad no sólo de palabra sino con hechos; realizada en una mejor política que no esté sustentada en los intereses de las finanzas, sino más bien al servicio del bien común.

Que se ponga en el centro la dignidad de cada ser humano y asegurar el trabajo a todos, para que cada uno pueda desarrollar, plenamente, sus capacidades.

Se pronunció, Bergoglio por una política lejos de los populismos que sepa encontrar soluciones y rechazar a los que atentan contra los derechos humanos fundamentales y dirigida a eliminar definitivamente el hambre y la trata de personas.

La pandemia, dijo el sumo pontífice, ha demostrado que nadie se salva solo y que es indispensable soñar con una humanidad en la que todos seamos hermanos.

En las sombras de un mundo cerrado, existe la manipulación o distorsión de la democracia, la libertad o la justicia. Ello se debe a la pérdida del sentido social de la historia ya que prevalece la lógica del mercado basada en el lucro y el descarte del ser humano, amén del desempleo, el racismo, la pobreza.

Esta desigualdad de derechos ha traído aberraciones como la esclavitud, la trata de personas, las mujeres sometidas y luego obligadas a abortar, más el tráfico de órganos. (Obviamente en el caso del aborto, lo que señala es una parcialidad del asunto, según nuestro saber y entender).

Afirmó que el mercado por sí mismo no resuelve todo, lo que es una crítica al neoliberalismo tan satanizado últimamente.

Señaló el llamado Santo Padre que hay un deterioro de la ética a lo que contribuyen en buena medida los medios de comunicación de masas que hacen pedazos el respeto al otro y eliminan todo pudor, creando círculos virtuales aislados y autoreferenciales en los que la libertad es una ilusión y el diálogo no es constructivo.

Enfatizó que los derechos no tienen fronteras, siendo necesaria la ética de las relaciones internacionales.

Defendió a los migrantes, quienes no deben ser limitados con barreras, mediante una gobernanza mundial para proyectos de largo plazo. Incluso, puntualizó, es necesario reformular la ONU.

Puso como buenas obras el arte, la paz y la importancia del perdón.

“La pena de muerte es inadmisible”, sentenció Francisco.

Recordó algunos ejemplos mundiales, entre ellos a Martin Luther King, Desmon Tutu, Mahatma Gandhi y Beto Carlos de Foucal, quienes fueron todos hermanos espirituales.

Lecciones que esperamos tomen en cuenta aquellos que se dicen católicos y dejen sus atavismos para avanzar a una nueva sociedad.

Los exaltados de Frenaa ¿habrán leído el texto más reciente del Papa de Roma?

jamelendez44@gmail.com

@jamelendez44