*El que desea parecer invulnerable se arriesga y con ello pone en peligro a los otros. Sale de su casa cuando no es indispensable, se aglomera, se lava pocas veces las manos… Se olvida de que muchos fallecen jóvenes y que él también puede adelantar su destino: la muerte.

 

Martha Cupa León

En las pandemias destacan dos tipos de personas: las que desean ser sobrevivientes y quienes pretenden convertirse en invulnerables.

Las primeras son las más cautas: levantan fortalezas alrededor suyo, procuran alejar de ellas el peligro, interponen suficientes espacios entre ellos y los infestados o los sospechosos de contagio. Las segundas, por el contrario, son intrépidas: se acercan al peligro, lo desafían, se enfrentan a él.

Quien busca la supervivencia se oculta ante el peligro, procura mantenerlo alejado por todos los medios, le pone murallas a la enfermedad con la mayor astucia y previsión posibles. En cambio, el que anhela el sentimiento de invulnerabilidad se arriesga mucho, se enfrenta al contagio en una lucha que sabe es desfavorable y deja su destino a la suerte. 

El hombre cauto intuye que desde antes de nacer ya era superviviente: formó parte de aproximadamente 200 millones de espermatozoides que se dirigían hacia una meta y solo él penetró en el huevo. Ahora, ante la pandemia de coronavirus quiere repetir esta hazaña. Hay un número avasallador de humanos que se mueven hacia una meta: prolongar su camino hacia la muerte. Él quiere vivir, pero no quiere estar solo, sino con sus seres queridos. Por eso se protege: para proteger a los suyos.

Al hombre intrépido le interesa más seguir el camino del héroe, alcanzar la gloria al ser recordado por su hazaña de haber retado a la enfermedad, enfrentarse al contagio y no morir, volverse a enfrentar a este, acumular etapas de sobrevivencia hasta lograr el sentimiento de invulnerabilidad. 

Pero el hombre intrépido, el que desea mostrar que es invulnerable, olvida que no sale solo a buscar el riesgo: se lleva entre los pies a su familia, a sus amigos, a sus seres queridos y cercanos. Entre estos los que más sucumben al peligro son los viejos: quienes luego del decurso de varios años se conservan orgullosamente con vida. Para estos es una hazaña ser longevos y, por tanto, saben más porque se han enfrentado a diversas situaciones y han dado prueba de resistencia porque aún están vivos. 

El que quiere ser superviviente es responsable consigo y con los demás. Se cuida y con ello pone a salvo a los otros.

Para no contagiarse de coronavirus guarda la cuarentena, se lava las manos, toma suficiente agua, mantiene sana distancia con respecto a la gente.

El que desea parecer invulnerable se arriesga y con ello pone en peligro a los otros. Sale de su casa cuando no es indispensable, se aglomera, se lava pocas veces las manos… Se olvida de que muchos fallecen jóvenes y que él también puede adelantar su destino: la muerte.