Martha Cupa León

 

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera.” Así empieza la novela escrita por Juan Rulfo, un hombre que pasó parte de su infancia en un orfanato. Juan Preciado-Juan Rulfo, dos hombres que no sólo coinciden en el nombre, sino también en su orfandad y desasosiego continuo.

Juan Preciado, el protagonista de Pedro Páramo, siempre ha vivido con su madre, y al quedar huérfano va a buscar a su padre a Comala (población donde ella nació, vivió y se casó con Pedro Páramo) para reclamarle el haberlos abandonado. Allí encuentra a una mujer que conocía a su madre y a él mismo cuando era pequeño. 

La mujer lo recibe en su casa y le asigna una habitación para dormir, pero durante la noche otra mujer entra al cuarto, le pide que la siga y le dice que la mujer con la que habló anteriormente murió hace mucho tiempo. De este modo, en su primera noche en el pueblo, el protagonista está siempre acompañado de algún fantasma que vaga por el pueblo sin saber el propio aparecido si es real o no lo es. 

Juan Preciado pierde a su padre antes que a su madre. Juan Rulfo queda huérfano de padre a los siete años y cuatro años después fallece su madre. 

En 1929 este último se traslada a San Gabriel, Jalisco, donde vive con su abuela y posteriormente en el orfanatorio Luis Silva –actualmente Instituto Luis Silva, en la ciudad de Guadalajara.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nace en Apulco, Jalisco, el 16 de mayo de 1917 en un ambiente social muy conflictivo, pues en 1915 la Revolución Mexicana asolaba a Jalisco por las luchas entre Venustiano Carranza y Francisco Villa. En 1924, en medio de esos enfrentamientos, el padre de Juan Rulfo es asesinado.

Por lo anterior, está de más decir que Rulfo tiene una infancia muy difícil: su familia se desintegra en un lugar donde hubo devastación humana y geográfica. Esto queda grabado en la memoria del autor, quien plasma sus recuerdos en su obra. Se dice que infancia es destino, y en el caso del escritor, sus crueles experiencias afectaron su carácter.

“Rulfo nunca miraba de frente, era una mirada que se avergonzaba de mirar de frente. Al mismo tiempo estaba listo para darte una puñalada. Rulfo era un hombre malo. Como ser humano era un hombre muy acomplejado… De no tener nada, llegó a tenerlo todo…”, señaló Emanuel Carballo en una entrevista que le hizo Leopoldo Lezama (2006). Sin embargo, el entrevistado, uno de los críticos literarios más reconocidos de México, al referirse a la obra de su paisano expresó: “…se requiere estar ciego para no ver que Rulfo es un gran cuentista”.

Publicada en 1955, Pedro Páramo refleja la infernal Comala de Juan Rulfo: la miseria y la soledad de la infancia del autor, así como la degradación moral y física del campesinado mexicano de aquella época. Del mismo modo, los 17 cuentos que componen El llano en llamas (publicado en 1953) recrean las relaciones hombres-hombres y hombres-tierra. La creación de Juan Rulfo se limita a esos dos libros que, no obstante, han provocado más crítica que los de otros autores hispanoamericanos de nuestros días que han escrito más novelas, incluyendo a Carlos Fuentes y Octavio Paz. 

¿Cuál fue el mérito, entonces, de Juan Rulfo?

Que el escritor talentoso no escribía por encargo, ni para complacer a la crítica o a los periodistas especializados, tampoco para un perfil determinado de lector: escribía para él mismo, como una catarsis, para aclarar sus pensamientos, para eliminar remordimientos, pues él, como Juan Preciado, se encontraba en un estado de desasosiego continuo.

Y así, andando Juan Preciado y Juan Rulfo por la borrosa frontera que separa lo real de lo fantástico, surge la gran novela del siglo XX que ha sido traducida a más de 20 idiomas. Sin embargo, a pesar de su gran éxito, Rulfo no vuelve a publicar (salvo El gallo de oro en 1980), pues como dice el escritor Leopoldo Lezama (2006): “En un par de obras lo dijo todo y supo callar a tiempo.”  

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