*Atender a las mujeres no es política de género; hoy los hombres están desatendidos: investigadora

Después de 25 años, la crisis climática y el concepto de género se han posicionado en el centro de las discusiones, especialmente porque han aumentado los niveles de conflicto, afirmó Isabel Adriana García Gómez, integrante del Grupo Asesor de Jóvenes del Fondo de Población de las Naciones Unidas en México.

La bióloga por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y designada Joven Líder Carta de la Tierra y Líder Juvenil en Cambio Climático por The Climate Reality Project; Premio World Economic Forum 2019 “Young Leaders Creating Better World for All” por el Women Economic Forum & All Ladies League, en Nueva Delhi, India, destaca que por primera vez se analizan conjuntamente la crisis climática y la perspectiva de género.

Al disertar ante la Red Universitaria de Cambio Climático, enfatiza que “cuando hablemos de medioambiente tenemos que hablar también de género, temas en los cuales no hemos avanzado en América Latina, a pesar de estar entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)”.

Destacó que gran parte de este cambio obedece a la presión ejercida por la juventud, y a que hay mil 800 millones de jóvenes a nivel mundial, y en México, alrededor de 40 millones, a quienes hay que atender, pero de una manera diferente.

Explicó que “hay un impacto diferenciado del cambio climático por la forma como entendemos los roles de género, enfocados en la mujer porque enfrenta limitaciones económicas en recursos, servicios y crédito, pero no vemos que las mujeres en el campo y en la pesca, no tienen acceso a créditos porque no son dueñas de las tierras y, por normas culturales, tienen un rol reproductivo”.

Y aunque desempeñan también un papel productivo “porque son quienes siembran o dirigen cooperativas, no son dueñas; y a pesar de que en lo comunitario son las defensoras y salvadoras de la cultura, de tradiciones, de la semilla y de la cosecha, no son quienes toman decisiones”.

En estos casos, el género es una vulnerabilidad. Y si a ello se le suman los efectos del cambio climático, se potencia. Con el aumento de las enfermedades infecciosas, las mujeres cuidan a los enfermos, pero tienen menos acceso a los servicios de salud.

Además, con mayores temperaturas y sequías, en algunos países en desarrollo aún existen sesgos de género en la asignación de alimentos, lo cual repercute en complicaciones durante el embarazo y el parto, provoca anemia, amenorrea, retraso de crecimiento intrauterino e infertilidad.

Pero donde todo da un vuelco es en la mortalidad derivada de fenómenos climáticos extremos, ya que mujeres y niñas son las primeras en ser puestas a salvo y los hombres quienes más fallecen. Su rol es el de ser salvadores.

“Esto se debe”, explicó, “a que el nivel socioeconómico, la edad y las normas sociales relativas al género influyen en el riesgo de traumatismo y muerte; la vulnerabilidad por las normas de género que dictan comportamientos adecuados aceptables y promueven conductas de riesgo, es mayor en los hombres”.

La crisis climática afecta de acuerdo a los roles de género. Por ejemplo, la migración forzada por desastres naturales provoca aumento de actividad sexual, violencia, redes de trata de personas, incremento de infecciones de transmisión sexual; hostigamiento y pérdida de la intimidad en los refugios.

Otros efectos son la reducción de oportunidades para generar ingresos y obtener créditos tras fenómenos meteorológicos extremos, lo que impulsa la emigración de varones, riesgo de malnutrición, matrimonios prematuros o forzados de las niñas, y complicaciones en el embarazo.

Toda esta problemática deriva de la forma en que está estructurada la sociedad y el rol que desempeña cada individuo. Por eso debe hablarse de enfoque diferenciado, puntualizó.