*La fotografía no morirá y si sucede será sólo con las mujeres y hombres que le dieron vida.

 

Alejandra Campos

Seremos la generación que vio resurgir la fotografía digital, que vivió la era análoga y disfrutó de la magia fotográfica, al introducir un papel en sustancias químicas maravillados vimos resurgir las imágenes de nuestros momentos especiales, cotidianos.

Abuelos y padres nos mostraron un camino en el cual amamos la fotografía y la respetamos, pero también la hicimos parte de nuestra vida cotidiana enriqueciéndola y solemnizándola.

Tanto en la era digital como en la análoga, la fotografía ha sido considerada más como una técnica que como una disciplina artística deseosa de expresión, poco valorada, muchas veces suele desatar polémicas de si es un arte o un simple oficio, valorando más la cámara, que las habilidades y el mensaje del fotógrafo, sin embargo, esto no es una generalidad, es bien aceptada por profesionales en diferentes disciplinas artísticas y del quehacer humano.

La proliferación de teléfonos inteligentes, tabletas y otras tecnologías que se han popularizado, minimizan el trabajo del fotógrafo profesional, no son pocos los que piensan que la fotografía de autor desaparecerá. Pero hasta el momento nos ha dado buenas sorpresas y siempre resurge como un ave fénix, esperemos siga así.

La captación de la vida, a diferencia de otras artes como la pintura o escultura, que requieren años de práctica y dominio de la técnica, en una toma fotográfica, requiere también de habilidades técnicas y de contenido. Esto no significa que debamos sentir como “menor” la disciplina fotográfica.

El estudio y la verdadera preparación, no termina con saber usar la cámara y tener un conocimiento de composición e iluminación, por el contrario, la disciplina apenas inicia con el conocimiento de la cámara y la técnica al igual que la pintura y otras artes, la fotografía es profunda, es filosófica, es poesía, es un retrato de nuestro mundo, pero un retrato que ofrece lecturas diversas en cada persona y de eso se trata el arte, no de mostrar la superficie de este mundo sino su esencia y profundidad, desatar sentimientos y emociones que no siempre se pueden expresar con palabras.

En la actualidad no importa si sabes o no tomar fotografías, estas se pueden tomar excelentes incluso de manera accidental, la tecnología nos ha llevado a ello y la competencia se ha disparado, el aficionado sigue reglas muy sencillas de composición, establecidas, convencionales, lo aprende visualmente en las redes sociales, en las app,  y así como toma selfies, paisajes, viajes, eventos, tiene una necesidad fuerte de mostrar que existe, que está en este mundo, que triunfa, que posee la alegría y el amor, que es más y mejor que los demás, compite por el”yo divino” y además posee un objeto, ya sea una cámara o un teléfono, los cuales son un bien, como un auto, que nos dan prestigio, estatus y nos incluyen en la sociedad digital de redes sociales.

Las selfies se han convertido en un homenaje al ego, a la juventud y belleza cuando todos sabemos que nuestra realidad es diferente pero fingimos y creamos una gran obra de teatro.

Los retratistas de la antigüedad, incluso no tan lejanos, conversaban con sus modelos, intentaban conocer sus gestos, emociones, expresiones, profundizaban en su personalidad, melancolía, fuerza o fragilidad llegaban al alma del personaje por retratar, plasmando no sólo aspectos físicos, entraban a su alma, logrando verdaderas obras de arte contrastando con la banalidad de la ahora selfie, el verdadero fotógrafo nos llega, nos transmite sensaciones que la modernidad no logra.

Con la fotografía escapamos de la monotonía, de nuestras frustraciones y complejos, de hecho la fotografía nos salva de la mediocridad y el aburrimiento, la fotografía nunca se devaluará pues siempre enaltece a la humanidad mostrando sus miserias y triunfos, siempre será belleza pura y dejará un gran testimonio de lo que fuimos y seremos, la fotografía no morirá y si sucede será sólo con las mujeres y hombres que le dieron vida.