*Líbano asiste a un creciente descontento contra la élite gobernante, a la que se atribuye la mala gestión y la corrupción consideradas como las causas de la explosión

Foto: Hassan Ammar / AP

Por Sarah El Deeb

AP. Beirut, Líbano. 09 de agosto de 2020.- La ministra libanesa de Información renunció el domingo a su cargo, mientras el país gestionaba las consecuencias de una devastadora explosión que golpeó la capital y llevó a un nuevo nivel la indignación pública.

Líbano asiste a un creciente descontento contra la élite gobernante, a la que se atribuye la mala gestión y la corrupción consideradas como las causas de la explosión en un almacén del puerto de Beirut. Al menos 160 personas murieron, casi 6.000 resultaron heridas y el paisaje costero Beirut quedó desfigurado, con cientos de edificios destruidos, tras la explosión de cientos de toneladas de material peligroso almacenado en un edificio del puerto.

En su carta de dimisión, Manal Abdel-Samad dijo que los cambios seguían siendo “esquivos” y que lamentaba no haber cumplido las expectativas del pueblo libanés.

“Dada la magnitud de la catástrofe causada por el terremoto en Beirut, que conmocionó al país y nos lastimó la mente y el corazón, y en respeto por los mártires y el dolor de los heridos, desaparecidos y desplazados, y en respuesta a la voluntad del público en favor de los cambios, dimito del gobierno”, escribió.

El desastre desencadenó airadas protestas el sábado, en las que los manifestantes colocaron horcas en el centro de Beirut y celebraron ahorcamientos simbólicos de efigies en cartón de autoridades libanesas.

Las protestas se volvieron violentas con rapidez y los manifestantes arrojaron piedras contra las fuerzas de seguridad, que respondieron con intensas rondas de gas lacrimógeno y balas de goma. Un policía murió y docenas de personas resultaron heridas en confrontaciones que duraron horas.

Los manifestantes también se repartieron por la ciudad y atacaron varios ministerios. Tomaron brevemente el Ministerio de Exteriores y declararon que sería la sede de su movimiento. En los ministerios de Economía y Energía, saquearon oficinas y se llevaron documentos públicos, afirmando que revelarían cómo la corrupción había permeado sucesivos gobiernos.

Se esperaba la renuncia de otro miembro del gobierno, el ministro de Medio Ambiente, aumentando los desafíos para el primer ministro, Hassan Diab.

Diab asumió el cargo en enero y ha sufrido crisis sucesivas.

El gobierno, respaldado por la poderosa milicia Hezbollah y sus aliados, anunció que entraría en suspensión de pagos de su deuda soberana y lleva desde entonces en difíciles y divisivas negociaciones con el Fondo Monetario Internacional para pedir asistencia.

Las restricciones para combatir el coronavirus agravaron el impacto de la crisis económica y financiera y avivaron el descontento público contra el nuevo gobierno.

Los libaneses han criticado al ejecutivo de Diab por no ser capaz de abordar los desafíos y afirmado que representa a una arraigada clase política que controla la política del país desde el final de la guerra civil en 1990.

El ministro de Exteriores, Nassif Hitti, renunció antes incluso de la explosión, denunciando falta de “voluntad efectiva para conseguir reformas estructurales generacionales” y un liderazgo dividido en el gobierno.

En un discurso televisado el sábado por la noche, Diab dijo que la única solución era celebrar elecciones anticipadas. Pidió a todos los partidos que dejaran a un lado sus discrepancias y dijo que estaba dispuesto a seguir dos meses en el cargo para permitir que los políticos trabajaran en reformas estructurales.

Era improbable que la oferta calmara la creciente furia en las calles. También se esperaba que diera pie a largas discusiones sobre la ley electoral, en medio de peticiones de que se reforme el sistema de representación del país.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, tenían previsto dirigir una conferencia internacional para reunir donantes que llevaran ayuda de emergencia y equipamiento a Líbano. Otras ofertas previas de ayuda iban asociadas a que el gobierno introduzca reformas significativas contra la corrupción.