Jorge Meléndez Preciado

Cada día hay muestras contundentes que la impartición de justicia en nuestro país es letra muerta. El uso faccioso de las instituciones es evidente. Claramente en la Procuraduría General de la República (PGR) que lleva más de siete meses sin un titular, sino con un encargado del despacho, Elías Beltrán, quien únicamente aparece cuando lo ordena Enrique Peña Nieto. O sea, que no hace su chamba sino es fiel al mandatario.

Varios casos lo demuestran así.

El video contra Ricardo Anaya  fue algo tan mal realizado que hasta el timorato INE dijo que no  podían continuar difundiéndolo porque afectaba a quien ni siquiera está implicado en un proceso, sino únicamente es presunto responsable de una triangulación de dinero.

Al ex gobernador César Duarte, recientemente la oficina de la procuraduría lo exoneró de un delito clarísimo: que utilizó recursos públicos para fundar su banco, Unión y Progreso. Y además, Elías Beltrán no ha movido un dedo para cumplir con la palabra empeñada por el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, ante el gobernador de Chihuahua, Javier Corral: extraditar al millonario priista.

Recientemente el defenestrado titular de la Fepade, Santiago Nieto, dijo que por medio de filtraciones a su esposa acabaron con su matrimonio, que recibió ofertas para sobornarlo y no seguir con el caso Odebrecht y que temía por su vida. Ronquidos en la PGR y declaración sin sentido de José Antonio Meade.

En la ONU se dijo que personas detenidas por el caso Ayotzinapa habían declarado bajo tortura, lo que invalidaba su testimonio. La Procuraduría dijo que no fue en todos los casos, sino únicamente en pocos. Algo aberrante o para Ripley.

La lista de yerros es más larga, entre otros no tomar en cuenta la carta de 57 intelectuales que le piden a Peña Nieto  saque las manos de las elecciones y no utilice a la PGR a su servicio. Pero ya sabemos que este gobierno no entiende que no entiende. La PGR está emPEÑAda.

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