*“La propaganda intenta forzar una doctrina sobre la gente… La propaganda opera sobre el público general desde el punto de vista de una idea y los prepara para la victoria de esta idea.”, (Adolf Hitler)

Martha Cupa León

 “Es tan malo el producto que hay que darle publicidad”, decían los fabricantes de mercancías malas, y comenzaron a atribuirles a estas falsas cualidades con el afán de venderlas y obtener ganancias. Al mismo tiempo se crearon necesidades en las personas, con su respectiva mercadería para satisfacerlas.

Del mismo modo, cuando surgieron representantes de los pueblos que no eran capaces de resolver los problemas de la ciudadanía, se recurrió a la propaganda para atribuir a esos representantes cualidades que no tenían, para resolver problemas aparentes. Así surgió la propaganda.

El ejemplo más representativo de la efectividad de la propaganda se dio tras la toma del poder por los nazis en 1933, cuando Hitler estableció un ministerio de ilustración pública y propaganda encabezado por Joseph Goebbels. La meta del ministerio era asegurar que el mensaje nazi fuera comunicado con éxito a través del arte, la música, el teatro, las películas, los libros, los materiales educativos y la prensa.

Dicho mensaje se resumió en el siguiente decálogo:

 

Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.

 

Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

 

Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.

 

Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

 

Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

 

Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.

 

Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

 

Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

 

Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

 

Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

 

Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

 

Es realmente sobrecogedor ver lo vigente que está este decálogo. La mayoría de los sistemas políticos en el mundo están preparados para que nos interesemos más en problemas aparentes que unos pocos desean que se conviertan en nuestra principal preocupación, en lugar de ocuparnos en cosas que nos afectan directamente en mucha mayor medida. 

El tema de los derechos de los homosexuales se ha convertido en un tema polémico a nivel mundial. Quienes los defienden usan propaganda a favor de los gais, y quienes se oponen a concederles mayores derechos también utilizan este tipo de propagación. Las preferencias sexuales de un grupo de ciudadanos debería ser un asunto de ellos, simplemente respetado por los demás. No hay necesidad de llevar el tema a la Iglesia o a la política: hay asuntos más importantes que atender.

Sin embargo, hay que hacer creer a los pueblos que la homosexualidad es un tema primordial que merece la preocupación de los pueblos; sin importar que este discurso controversial genere actos de terrorismo y odio como el atentado en contra de los asistentes a un bar gay en Orlando Florida, una ciudad tradicionalmente tranquila y turística.

“La propaganda intenta forzar una doctrina sobre la gente… La propaganda opera sobre el público general desde el punto de vista de una idea y los prepara para la victoria de esta idea.”, dijo Adolf Hitler. Aun ahora predominan los líderes engrandecidos por la propaganda que enaltece las virtudes de unos cuantos que sólo persiguen la satisfacción de sus propios intereses, despojando de sus derechos a sus representados, quienes ciegamente manipulados por los poderosos, todavía les aplauden a quienes los someten.