*En nuestro país el militarismo nos está llegando poco a poco, sin estar muy conscientes de él

Martha Cupa León

 

Las Fuerzas Armadas mexicanas están experimentando una crisis de identidad: fueron creadas para la guerra, pero desde el fin de la Revolución no han participado en conflictos armados (excepto en la Segunda Guerra Mundial). Como se niegan a desaparecer, han enfocado su experiencia operativa en desastres naturales, operaciones para disminuir el narcotráfico, regulación de portación de armas y en tareas de seguridad pública, por citar algunas actividades que si bien no les son ajenas, tampoco son suyas.

Como ya no hay guerras porque todo se resuelve mediante la cooperación internacional, los aspectos para lo que fueron preparadas las Fuerzas Armadas ya no existen, sin embargo, buscan inmiscuirse en asuntos del Estado que ya no están tan relacionados con seguridad y defensa. Por ejemplo, el 20 de diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que el Ejército sería el responsable de la construcción del aeropuerto de Santa Lucía. 

¿Qué está haciendo el Ejército ahí, si el aeropuerto no está relacionado con la seguridad ni con la defensa? El argumento gubernamental fue que entre los militares hay menos corrupción y que los ingenieros militares son mejores que los civiles. Este es uno de los hechos que pone en evidencia que México se está militarizando.

“La asignación de tareas ajenas a la defensa a instituciones militares representa un retroceso en cuanto a los aspectos democráticos instaurados desde la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de los estados Americanos”, aseguró Daira Arana Aguilar, maestra en asuntos internacionales por la universidad Anáhuac México, durante el curso “Militarismo en América Latina”, donde se abordaron temas sobre militarización de la seguridad pública, militarismo, Derechos Humanos Aplicables al Uso de la Fuerza y Derecho Internacional Humanitario. 

Arana Aguilar, quien actualmente es directora del Centro feminista de Investigación Social en México y Directora general de Global Thought Mx,, destacó que la militarización no es buena ni mala, hasta que lo ponemos en los lentes de la democracia.

Recalcó que la democracia es la forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos. Es el sistema político en el que la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes. Si bien la democracia no es perfecta, precisó, nos permite vivir en un régimen de deberes y derechos, y los militares lo están destruyendo. “La última decisión la debe tener el poder civil, pero en el militarismo la última palabra la tienen los militares”.

“El poder militar debe estar subordinado al poder civil; si es al contrario, esto conlleva a la pérdida de derechos humanos”, subrayó y agregó que en México “nuestras instituciones civiles están delegando todo a las instituciones militares y esto es preocupante. Estamos viviendo un fenómenos de militarismo”.

Definió al militarismo como la preponderancia del poder militar sobre el poder civil en términos políticos y en donde la esfera castrense influye en la toma de decisiones políticas del Estado que van más allá de las del sector de seguridad y defensa. “Es un proceso en el cual los gobiernos resuelven problemas por medios bélicos. Las fuerzas armadas buscan participación porque buscan poder. Se visualizan ellas mismas como la única solución”. 

Respecto a la militarización, señaló que es un proceso mediante el cual diversos ámbitos de las funciones primordiales del Estado adquieren lógicas militares, observando los problemas desde una perspectiva de amenaza o enemigo y trasladando las dinámicas bélicas a la solución de los mismos, por ejemplo, las funciones de seguridad pública.

Durante la Guerra Fría, el militarismo comenzaba a partir de un golpe de Estado. Se trataba de una toma del poder político por parte de un grupo de poder, vulnerando las normas legales de sucesión en el poder vigente (autogolpe o de otro grupo, como el poder militar). Sin embargo, en nuestro país el militarismo nos está llegando poco a poco, sin estar muy conscientes de él, como le ocurre a la ranita que cocinan paulatinamente: primero la ponen en agua tibia, agradable para ella, luego calientan más el líquido y la ranita sigue disfrutando: experimenta un sopor que la duerme y no se da cuenta de que el agua llega a la ebullición y la mata, externó la experta.