*Respaldado por una información de primera mano, el libro de Wiesenthal es profesional e interesante. Sin embargo, como ocurre con muchos buenos libros, tiene algunas incongruencias, como en el capítulo dedicado a lsrael, donde justifica la ocupación de territorios palestinos. E

Simón Wiesenthaí

Por Tomás Tenorio Galindo (reseña escrita 4 de diciembre de 1990)

Simon Wiesenthal Justicia no venganza. Editorial Diana 1990.

 Desde hace ya bastante tiempo, el judío austriaco Simon Wiesenthal es el más célebre y tenaz persecutor de fugitivos nazis. Y a sus ochenta y dos años de edad ha resultado ser además un consumado autor de bestsellers. Durante más de 40 años ha visto entrar a la cárcel -y a algunos también salir como si nada- a un largo pelotón de criminales de guerra, pero todavía le falta uno de los peores: Josef Mengele. En su más reciente libro, que es su autobiografía, prácticamente lo da por vivo, y ya en 1985. Ante la incierta noticia de que Mengele estaba muerto, había sentenciado con un curtido escepticismo: “Este es el séptimo Mengele muerto desde que lo estoy buscando. Al término de la segunda guerra mundial. Simon Wiesenthal, sobreviviente de los campos de concentración, decidió enrolarse en una oficina encargada de las pruebas contra los criminales de guerra alemanes y más tarde adquiridos ya la experiencia y el mote de cazador de nazis, creó con el mismo propósito una pequeña institución que al cabo de los decenios tomaría su nombre y se haría indispensable en el ajuste de cuentas.

Hoy, después de tanto tiempo de perseverancia. Simon Wiesenthal realiza un sumario de su peregrinaje, y quizá anticipándome a los equívocos de la historia eligió un título relamido: “Justicia, no venganza’ Antes había hecho por lo menos otras tres aportaciones a la literatura de la segunda guerra mundial: “Los asesinos están entre nosotros”, “El girasol” y una cronología del mar: tirologio judo, que le abrieron las puertas del éxito comercial. En esta ocasión. su autobiografía seguirá probablemente la misma ruta y tendrá el merecido privilegio de ser profusamente leída. Pues además de ser un documento histórico de valor testimoniar fuera de toda duda, en un libro que está notablemente bien escrito:

Entre ‘la selección de casos que relata, el de Josef Mengele ocupa un sitio especial por la impunidad en que parece haber quedado para siempre. El doctor’ Josef Mengele, según los testimonios es el autor de la disección de un niño vivo y de incontables experimentos médicos practicados con los prisioneros judíos de Auschwitz. Hasta ahora, sin embargo, ha logrado evadir la puntería de Wiesenthal. La noticia más cercana de su paradero es la de 1985, y ni entonces ni después se pudo comprobar su veracidad o su falsedad. Según los periódicos de la época y la reconstrucción de Wiesenthal, el 12 de mayo de ese año la República Federal de

Alemania comunicó al gobierno de Brasil la presunción de que Mengele vivía o había muerto en territorio brasileño. El jueves 6 de junio las autoridades de Sao Paulo desenterraron un cadáver en Embú, de acuerdo con la pista alemana el de Mengele bajo el nombre de Wolfgang

Gerhard, quien se había ahogado en 1979 en la playa de Bertioca a 75 kilómetros de Sao

Paulo. Nadie creyó este cuento, y aunque un equipo de científicos analizó los restos, el resultado quedó varado en el limbo de la duda. La revista alemana Der Spiegel sugirió que el muerto de Embú era parte de una simple estrategia para di atraer la búsqueda, como había ocurrido en las ocasiones anteriores. En 1968 el israelí Erich Ardstein juró que lo había matado a balazos en el río Paraná: en 1973, la policía secreta de lsrael difundió también la versión de que Mengele había sido eliminado en Paraguay en 1 975 se rumoreó que Mengele se había suicidado en Lisboa. En realidad, el paradero de Josef Mengele ha sido siempre un enigma a medias, pues el mismo Wiesenthal afirma que estuvo a punto de agarrarlo pocos años después de la guerra y que estuvo a punto de agarrarlo pocos años después de la guerra, y que de cuando en cuando recibía informes más o menos precisos sobre su residencia. Se sabe, por ejemplo, que estuvo en Italia y Argentina y Paraguay protegido por la ODESSA –la organización clandestina de los jerarquías nazis que aún viven-, y que en 1959 tuvo la audacia de asistir al entierro de su padre, en Günzburg. El caso, finalmente, es que a estas alturas. si vive, es un anciano, y lo más seguro es que ya no pueda responder por sus actos, y que Wiesenthal se quede con las ganas de echarle el guante a su fugitivo favorito.

Respaldado por una información de primera mano, el libro de Wiesenthal es profesional e interesante. Sin embargo, como ocurre con muchos buenos libros, tiene algunas incongruencias, como en el capítulo dedicado a lsrael, donde justifica la ocupación de territorios palestinos. Estudiantes de EU le preguntaron cuándo devolverá lsrael esas tierras, y él comentó de la manera que le pareció más astuta: “Cuando Estados Unirlos devuelva Texas a México Leonid Kótov es el nombre del enviado soviético que organizó la muerte de León Trotsky. Por lo menos en la versión pública Simon Wiesenthal dedicó unas cuartillas al tema y puso el nombre de Bruno Kohler como el de ese organizador soviético que viajó a México. ¿Son el mismo Leonid Kó-tov y Bruno Kohler, o el nombre de éste se quedó sólo para consumo de los archivos?