Martha Cupa León

Leer sirve para resolver problemas cotidianos. Leer varios libros es como vivir muchas vidas, conocer varias personas, visitar diversos lugares y ser testigos de la forma en que diferentes personajes reaccionan ante determinadas circunstancias. Quien empieza leyendo libros termina leyendo personas y empatizando con ellas: es capaz de hablar fluidamente de filosofía con el filósofo, de ecuaciones con el matemático, de zapatos con el zapatero, y al dominar estos temas indefectiblemente se convierte en escritor. 

“¿Para qué sirve leer varios libros? Me pregunta el hijo de un próspero comerciante. ¿Para qué perder el tiempo sentado, inmóvil y evadiéndose de la realidad? Es mejor conocer gente real para trabajar con ella, y con el dinero que ganes pagas los viajes”. Por supuesto que tienes razón, le dije, pero mientras tú realizas dos o tres viajes por año, yo, a través de los libros, puedo hacer diez o más, y en tanto te relacionas con cinco o seis personas, yo conozco cien.

Además, agregué, tu convivencia con la gente que encuentras en los viajes es breve, en cambio, por medio de la lectura se puede tener acceso a toda su vida: sus antecesores, su infancia, sus miedos, deseos, cualidades, defectos… Y si viajas a lugares que anteriormente has visto descritos en libros, los disfrutas más porque comparas tus experiencias con la visión del escritor.

En este tenor, la lectura es útil para resolver problemas cotidianos porque los protagonistas se enfrentan a todo tipo de circunstancias y actúan con base en ellas; es obvio que a cada acción corresponde una reacción, así que lo que la actitud de los personajes y sus respectivas consecuencia sirven de ensayo para el lector: cuando se enfrente a una situación similar ya estará familiarizado con ella y, por tanto, estará más cerca de tomar una decisión acertada.

Asimismo, la lectura de libros nos conduce a leer personas porque, con base en las descripciones que los autores hacen de sus personajes, el lector asiduo llega al artista, el matemático, el filósofo, el carpintero, el campesino, el arquitecto, la garnachera, el niño, el viejo… Y en su convivencia con estos es capaz de confirmar sus características o de contrastarlas con las descritas por el autor y consecuentemente llega a conocerlos.

El lector asiduo, logra discernir entre la persona auténtica y la afectada, el sabio y el sabihondo, el rico y el clasemediero, el loco y el estrafalario, el vago y el bohemio, el que lee y el que hojea, quien te aprecia y quien te adula, el creador y el plagiario, el que te ama a ti y el que se ama en ti, el que te necesita porque te quiere y el que te quiere porque te necesita… También es capaz de distinguir entre el palacio y el antro, la reunión social y la biblioteca, la provincia y la ciudad cosmopolita… En fin, leer es como vivir muchas vidas en diferentes mundos.