*En la actualidad el término “liberalismo” resulta confuso por las diferentes concepciones que se le han dado, según el aspecto que se priorice pero lo que estas tienen en común es que defienden la libertad individual en alguna de sus facetas

 

Foto: La Hora Nacional: El 21 de junio de 1867, con la entrada triunfal del presidente Benito Juárez a la Ciudad de México se concretó el triunfo de la República sobre el llamado segundo imperio.

Martha Cupa León

En el discurso del presidente López Obrador es muy común el uso de las etiquetas “liberales” y “conservadores”. En la actualidad ambas ideologías se confunden por lo frecuente de su asociación en los mismos individuos y movimientos políticos: esto significa que hay liberales con posturas conservadoras y conservadores con posturas liberales.

A partir del triunfo liberal de 1867 contra la Intervención Francesa, diversos grupos políticos, sectores sociales y religiosos del país se han identificado recurrentemente con los principios y causas de los partidos liberal y conservador del siglo XIX. Durante su ponencia “Liberales y conservadores: la disputa conceptual por la realización de la modernidad”, Aureliano Ortega esquivel, doctor en Filosofía por la UNAM, explicó:

“Conservador es quien, habiendo gozado en el pasado colonial y durante todo el primer tramo de la nueva república de una situación de dominio y privilegio (grandes propietarios agrícolas, industriales, comerciantes, clero y ejército) lucha por mantenerlo y aun ampliarlo; para lo que imagina, propone y ejecuta acciones de toda índole que tendencialmente lo garantizan. Es decir, conserva de los principios de la Modernidad, el relativo a la Utilidad beneficio, dándole al principio de Progreso el peso que corresponde a las instituciones y actos que garantizan su dominio y sus privilegios. Pero empobreciendo dramáticamente los principios de Humanismo y Razón.

“Liberal es quien, proviniendo básicamente de los sectores medios de la sociedad (pequeños propietarios, rancheros, profesionales liberales, artesanos) a partir de ejemplos ilustrados y liberales ya experimentados por otras naciones, construye un Proyecto que se fundamenta en la articulación de los cuatro principios de la Modernidad: Humanismo, Razón, Progreso y Utilidad beneficio, a los que agrega como subcapítulo del principio de Razón, la racionalidad jurídica, la que concibe como “fuerza de ley” y a la que, tarde o temprano tendrán que ceñirse los días y los años de la nación mexicana que dispone a su favor el principio moderno de Nación y de Nacionalidad, uno de los factores determinantes de su triunfo.”

La participación del profesor Ortega Esquivel tuvo lugar el primero de diciembre de este año en el marco del III Curso de pensamiento mexicano “México y España, una historia compartida. Pasado, presente y futuro del pensamiento humanista”, organizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En su intervención, el ponente citó textualmente a los conservadores:

“Nuestros enviados… van a manifestar a usted cuáles son los principios que profesamos los conservadores y que sigue por un impulso general toda la gente de bien. Es el primero conservar la religión católica, porque creemos en ella y porque aun cuando no la tuviéramos por divina, la consideramos como el único lazo común que liga a todos los mexicanos… Entendemos también que es menester sostener el culto con esplendor, y los bienes eclesiásticos, y arreglar todo lo relativo a la administración con el Papa.

“Estamos decididos contra la federación, contra el sistema representativo por el orden de elecciones que se ha seguido hasta ahora; contra los ayuntamientos electivos y contra lo que se llama elección popular, mientras no descanse en otras bases.”

Mencionó que las propuestas económicas de los conservadores, mismas que ponen el acento en el “progreso” son el fomento de la industria, la agricultura, la minería y el comercio; la organización y regulación del crédito; la protección irrestricta y garantía legal de la propiedad privada; la regulación de las actividades económicas de las corporaciones, así como estímulos fiscales y tarifas protectoras.

Aureliano Ortega citó dos observaciones sobre el triunfo de liberales sobre conservadores en el siglo XIX:

“Gabino Barreda: ¿Cuáles fueron, pues, esas influencias insensibles cuya acción acumulada por el transcurso del tiempo, pudo en un momento oportuno luchar primero, y más tarde salir vencedora de resistencias que parecían incontrastables? Todas ellas pueden reducirse a una sola ─pero formidable y decisiva─ la emancipación mental, caracterizada por la gradual decadencia de las doctrinas antiguas, y su progresiva sustitución por las modernas… Emancipación científica, emancipación religiosa, emancipación  política: he aquí el triple venero de ese poderoso torrente que ha ido creciendo día a día, y aumentando su fuerza a medida que iba tropezando con las resistencias que se le oponían…”

“Edmundo O’Gorman: Descubrimos de este modo la diferencia más radical que separó la solución conservadora, empeñada en prolongar un estado de cosas y así “conservarlo” ─aunque mejorándolo─ de la solución liberal, empeñada a su vez en transformarlo en otro estado de cosas. Es la diferencia que existe entre la arcaica visión del mundo que lo concibe como un lugar ya hecho desde y para siempre en donde vivimos, pero del cual no somos responsables, y la moderna, que lo entiende como un hogar que vamos haciendo y que, por ello, depende de nuestras decisiones y de la voluntad y energía que pongamos para edificarlo.

“Fue por lo tanto (el de los liberales) el triunfo de la posibilidad de ser republicano sobre la de ser monárquico; pero más profundamente, fue la conquista de la nacionalidad misma, entendida como una suprema responsabilidad hacia la patria en su pasado, su presente y su porvenir.”

A lo largo de la historia han existido muchas formas de conservadurismo, debido a que sus manifestaciones dependen de las características del contexto sociocultural, temporal y geográfico en el que se producen. En resumen, el conservadurismo defiende la tradición, que se entiende como una forma de conservar la estructura social y la estabilidad.

En la actualidad el término “liberalismo” resulta confuso por las diferentes concepciones que se le han dado, según el aspecto que se priorice (el económico, el social, el político y el religioso, principalmente) pero lo que estas tienen en común es que defienden la libertad individual en alguna de sus facetas: un liberal económico podría defender la minimización de los impuestos, en tanto que uno social, el aborto.