El presidente Andrés Manuel López Obrador presentó una carta de respuesta al desplegado que firmaron académicos e intelectuales en el que le piden detener sus ataques contra la libertad de expresión.

Fuente: Animal Político

En su conferencia matutina, el mandatario criticó que esta carta no haya tenido la misma difusión que el desplegado, a pesar de que ha sido firmada por más de 28 mil personas.

Entre otras cosas, la carta niega que el presidente atente contra la libertad de expresión asegurando que desde el 1 de diciembre de 2018 “nadie ha sido presionado al silencio por el Ejecutivo Federal, ningún informador u opinador ha sido hostigado, despedido, detenido, procesado, torturado, desaparecido o asesinado por consigna de la Presidencia y el debate público está más vivo y vibrante que nunca en la historia moderna del país”.

 

Acusan a los firmantes del desplegado de “amordazar” al presidente con un discurso que imperó hasta hace dos años y de ser los “amos y señores del pensamiento, el análisis y la crítica” en administraciones anteriores.

 

“Los autores del desplegado no pueden demostrar un solo acto de censura porque no lo ha habido. Su único argumento es una sanción administrativa impuesta a la empresa editora de Nexos, no por lo que se publica en ella sino porque falsificó un documento del Infonavit”, se lee en la carta.

También hacen mención de las organizaciones ciudadanas argumentando que en realidad solo funcionaban como “tapaderas para el saqueo del erario, el lavado de dinero y la privatización indebida de bienes públicos”, por lo que niegan que se hayan visto afectadas con los recortes presupuestales, como señala el desplegado de intelectuales y académicos.

“Quienes por décadas endilgaron adjetivos infamantes, despreciaron las luchas del pueblo, hicieron campañas de odio y descrédito en contra de los opositores hoy temen que “el odio llegue al río; una vez más exhiben su elitismo y su desconocimiento del pueblo de México y de su civilidad profunda”, dice la carta.

Para finalizar señalan que más allá de preocuparse por la defensa de la libertad de expresión, los intelectuales en realidad buscan con sus quejas recuperar los privilegios que han perdido, además de evidenciar el temor que tienen a perder la impunidad absoluta “con la que varios de ellos hicieron grandes negocios al amparo del poder”.