El 10 de enero de 2020, el día que José Ángel abrió fuego en su escuela tras pedir permiso para ir al baño, “se vistió como uno de los atacantes de Columbine porque estaba obsesionado con esa masacre”, en palabras de Garza.

Foto: Daniel Becerril / Reuters

Por Miquel Muñoz

EFE. Ciudad de México. 07 de noviembre de 2020.- “¿Por qué el niño tomó la decisión de disparar? No lo sabemos. Se lo llevó a la tumba”. Todo lo demás sobre el ataque lo cuenta el periodista Javier Garza en “Nueve disparos”, una radiografía sobre los motivos que llevaron a un niño de 11 años a tirotear su escuela y acabar con su vida y la de una maestra en Torreón, en el norte de México, a principios de año.

“Creo que todo se juntó, a final de cuentas”, explica a Efe Garza, reconocido periodista local que en su crónica de largo alcance repasa incluso con transcripciones de mensajes el entorno del tirador, José Ángel, sus hábitos y su historia familiar, ligada íntimamente al narcotráfico.

“No tuve acceso al expediente pero platiqué (conversé) con gente que eran los que lo habían integrado”, reconoce el autor de este libro digital que habló también con “el hermano de la maestra que fue asesinada, con el padre de uno de los niños que fueron heridos, con médicos del hospital donde habían sido atendidos” y con peritos investigadores.

ENTORNO COMPLEJO

Huérfano de madre, con un padre intermitente por sus negocios truculentos con las drogas y una condena de prisión en Estados Unidos, el tirador del Colegio Cervantes, que apretó el gatillo nueve veces, vivía con sus abuelos, también ligados con el narcotráfico y de quienes sustrajo las armas.

“El abuelo tenía las armas, las había conseguido y las compartía de manera abierta y sin ningún tipo de cuidado con su nieto. La razón por la que sabemos que sin ningún tipo de cuidado es porque el niño tenía los estuches en su clóset (armario)”, relata Garza, quien asegura que un “efecto indirecto” de la guerra del narco que asoló el estado mexicano de Coahuila de 2007 a 2013 es “la facilidad para conseguir armas”.

El libro presenta a José Ángel como un niño sociable en clase pero falto de cariño en su casa y en su entorno, con la única compañía de un primo de su edad con el que no se acababa de entender y un amigo con el que se intercambiaba mensajes sobre “pistolas, bombas de propano” y otro armamento.

Con ese mismo amigo, el tirador compartía conversaciones y vídeos sobre la matanza de Columbine, un atentado en una escuela de Colorado (Estados Unidos) que en 1999 dejó 15 muertos, incluidos los dos perpetradores, y 24 heridos.

ANTECEDENTES

El 10 de enero de 2020, el día que José Ángel abrió fuego en su escuela tras pedir permiso para ir al baño, “se vistió como uno de los atacantes de Columbine porque estaba obsesionado con esa masacre”, en palabras de Garza.

El tiroteo del Colegio Cervantes fue el segundo de estas características acaecido en México, junto al del Colegio Americano en Monterrey, la ciudad más grande del norte del país, que en 2017 se saldó con dos muertos y tres heridos.

“Si eso que vemos nosotros en Estados Unidos y que se lo achacamos a las locuras de los gringos no había pasado en México hasta 2017, creo que entonces es importante preguntarnos por qué desde 2017 ya pasó dos veces”, reflexiona el periodista.

Garza admite que estos episodios crean preocupación entre las autoridades, pero estima que lo más importante para atajarlos es “revisar los contenidos digitales a los que los niños están teniendo acceso”.

LAS SECUELAS

“Yo creo que Torreón se ha recuperado, pero más bien porque ya se nos está olvidando. La pandemia obviamente nos trastocó todo y el hecho de que los niños no regresaron a las escuelas ya lo vuelve más distante”, considera el periodista que, sin embargo, vio “que a mucha gente le empezó a causar interés volver sobre el episodio” al publicar el libro.

“Ya para marzo, cuando estábamos hablando de los feminicidios y la violencia de género a nivel nacional, ya se había desvanecido. Y eso es natural, es normal que pase. Más bien lo que no se nos debe olvidar es que pasó”, zanja.