*A partir del 8 de junio, en Suiza abrirán todas las escuelas e instalaciones de entretenimiento como museos y zoológicos. Ese país cauto, independiente, ordenado, responsable y desarrollado ya está regresando a la normalidad.

 

 

Por Martha Cupa León

Ocurrió en el país de “no pasa nada”. En octubre pasado mi familia y yo visitamos Thun, Suiza, una ciudad situada en plenos Alpes suizos y a orillas del paradisíaco lago Thun. Después de recorrer las cercanías de este cuerpo de agua, nos dirigimos a Obere Hauptgasse, la calle principal de esa población, una callejuela que tiene las aceras por encima de lo que en la antigüedad fueron caballerizas y hoy son comercios, restaurantes y galerías de arte.

Eran alrededor de las cinco de la tarde cuando decidimos entrar a un acogedor restaurante tipo chalet que ofrecía fondue de queso para mínimo tres personas, a un precio de 30 francos suizos por cada una y aparte las bebidas. Nos instalamos en una mesa y sillas de madera junto a un amplio ventanal que daba a la calle.

Minutos después de que un mesero italiano llevó a nuestra mesa el caquelon sobre un pequeño hornillo de mesa y comenzamos a disfrutar el platillo sumergiendo con el pincho pequeñas piezas de pan blanco y papas cambray en el queso derretido, vimos que un carro de bomberos se detuvo frente al ventanal sin hacer ruido. 

Se bajaron tres bomberos del vehículo y con celeridad desplegaron la escalera hasta la azotea de un edificio gubernamental de cuatro niveles. Mi esposo, mis hijos y yo veíamos con atención lo que hacían esos servidores públicos y estábamos sorprendidos de que no se acercara la gente a ver lo que ocurría; los comensales que ocupaban otras dos mesas del lugar tampoco mostraban interés en lo que sucedía afuera: al parecer, nosotros éramos los únicos interesados en las labores de esos hombres, pero no sabíamos la razón por la que estaban ahí. 

Dos bomberos se quedaron en el piso supervisando y apoyando al que subía dentro de una especie de canastilla que estaba en la parte superior de la escalera. Se detuvo en el techo del edificio y luego bajó con dos niños: dedujimos que los rescató. ¿Qué había pasado? ―nos preguntábamos―. ¿Acaso hubo un incendio? ¿Los niños se subieron y no podían bajar

El mesero regresó a nuestra mesa para darnos más pan, y al observar nuestra actitud nos explicó en perfecto inglés:

―Es un simulacro: como aquí nunca pasa nada, los bomberos ensayan periódicamente para no olvidar cómo actuar en caso de siniestro.

Los bomberos guardaron la escalera y el camión se alejó en silencio con los hombres y los niños a bordo. Dos semanas más tarde mi esposo, mi hijo y yo regresamos a México. Mi hija y su esposo se quedaron en el cantón de Berna, donde viven. 

Casi cuatro meses después el coronavirus sorprendió al mundo. El 26 de febrero mi hija me dijo que el virus ya había llegado a Suiza, por Lugano, ciudad colindante con Italia. Dos días más tarde se informó del primer caso de covid-19 en México. En Suiza cancelaron el tradicional carnaval. 

 ―¿Ya se ve la locura del coronavirus en México? me preguntó mi hija desde Suiza―. Aquí no ha llegado a Berna y los estantes de conservas, latas y pastas están vacíos en algunos supermercados de este cantón.

―No, acá todavía no ―le contesté.

―¿Está todo normal?

―Ahorita los temas principales son la manifestación y la huelga feministas ―le comenté. 

―¿Y ustedes están tomando precauciones especiales?

―Hasta ahorita no.

El siete de marzo en Suiza había entre 40 y 50 casos nuevos de contagio al día. El 13 de marzo en México el Tecnológico de Monterrey canceló las clases en todos sus campus.

―En Suiza hay 1009 casos confirmados de contagio y 7 muertes. Ayer eran 815 infectados. En la parte italiana ya está todo cerrado; en Berna ya también cancelaron clases en algunas universidades y dijeron que van a cerrar todas las escuelas ―me indicó.

El 13 de marzo se cancelaron todas las clases presenciales en Suiza.

―Empezaré a dar las clases en línea ―me dijo mi hija, quien es maestra de idiomas en dos universidades suizas.

En México la SEP suspendió las clases (hasta la secundaria) del 20 de marzo al 20 de abril como medida de aislamiento preventivo ante la pandemia. El Presidente exhortaba a la gente a abrazarse. Se realizó la marcha feminista y el festival Vive Latino. 

―En Inglaterra están igual que en México: parece que no les preocupa el coronavirus ―externó mi hija.

El 16 de marzo la UNAM informó que suspenderían clases de manera paulatina a partir del 17 hasta que la siguiente semana fuera suspensión total.

―¿Viste que en España las personas están encerradas y si salen las multan? ―me dijo―. Deberían hacer eso en México.

―Aquí la mayoría de la gente no tiene para pagar la multa ―observé.

―Vi en las noticias que en México la gente está más preocupada por el Viacrucis que por la salud ―me comentó el 18 de marzo―. En Suiza casi no hay gente en las calles ni en los trenes; dan fichas para entrar a los supermercados, y si estas se acaban, los clientes deben esperar a que salgan los que están comprando para que no haya mucha gente adentro.Van a multar a los grupos de más de cinco personas y a quienes estén a menos de 2 metros de distancia de los demás.

A finales de marzo en México varias personas acatamos el “Quédate en casa”, cancelamos las reuniones de 50 personas o más, sobre todo en lugares cerrados (aunque el 23 de marzo había 114 asistentes en un salón cerrado del Palacio Nacional. En la conferencia de prensa los periodistas se pasaban entre ellos el mismo micrófono y AMLO bromeaba con sus amuletos contra el virus).

En tanto, en Suiza se registraban más de mil casos de contagiados diariamente (el 23 de marzo había 8500 contagiados) y se decía que en una semana se deberían empezar a ver los resultados de las medidas contra el coronavirus. 

El 27 de marzo ya se hablaba de altas cifras de muertos por coronavirus en Estados Unidos y de algunos mexicanos que pretendían bloquear la frontera con ese país para evitar contagios. Andrés Manuel López Obrador alentaba a su pueblo a salir con sus familias a restaurantes. En México, abril comenzó con el cierre de servicios no esenciales. Se intensificaron las precauciones sanitarias contra la enfermedad, extendieron la cuarentena hasta el 30 de mayo, pero aún había mucha gente en la calle, incluso aglomeraciones. 

 El 16 de abril, en Suiza empezaron a disminuir los contagios: reabrieron pequeñas empresas de servicios personales como peluquerías, centros de jardinerías, florerías y consultorios dentales. En México solo permitían el acceso de una persona por familia en las tiendas de autoservicio. El 21 de abril, en Suiza seguían saliendo de la pandemia e indicaron que el 11 de mayo regresarían a las clases presenciales en las escuelas. En tanto, en México se anunció que la primera semana de mayo comenzaría lo peor de esta enfermedad. Ahora, desde Suiza mi hija nos pide que no salgamos, incluso nos hacer llegar despensa a casa, para que guardemos la cuarentena.

A partir del 8 de junio, en Suiza abrirán todas las escuelas e instalaciones de entretenimiento como museos y zoológicos. Ese país cauto, independiente, ordenado, responsable y desarrollado ya está regresando a la normalidad. En México se espera que la peor parte de la pandemia tenga lugar el 8 de mayo. Esto nos tiene desconcertados porque la mitad de la población vive al día y, por tanto, se les dificulta quedarse en casa, lo cual es básico para superar la enfermedad.

Ojalá también pronto podamos ver la luz al final de túnel.