*La semana pasada, el gobierno mexicano entregó a las autoridades de Guatemala a Julio César Macías Mayorga o Macías López, líder de la organización guerrillera Fuerzas Armadas Rebeldes.

Por Humberto Musacchio

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 17 de octubre de 2020.- La semana pasada, el gobierno mexicano entregó a las autoridades de Guatemala a Julio César Macías Mayorga o Macías López, quien fuera más conocido por el seudónimo de César Montes, líder de la organización guerrillera Fuerzas Armadas Rebeldes, que en los años sesenta combatía la dictadura militar de ese país centroamericano.

Macías Mayorga fue detenido en Acapulco, Guerrero, como resultado de “un operativo de seguridad implementado en ambos lados de la frontera de Talismán-El Carmen por autoridades migratorias y militares de los dos países”, de acuerdo con la página de internet de La Jornada, según la cual el guerrillero fue trasladado en avión a Tapachula.

Dice la nota citada que “las fuentes comentaron que en las acciones de traslado participaron agentes del Instituto Nacional de Migración y de la Guardia Nacional, además de elementos del Ejército Mexicano y, de parte del gobierno de Guatemala, agentes de la Policía Nacional Civil y del Instituto Guatemalteco de Migración y un agente del Ministerio Público”.

El diario Reforma publicó la noticia el domingo último y la fuente es un tal “Gerson Alegría, fiscal de la Sección de Delitos de narcoactividad del Ministerio Público de Guatemala”. Otra fuente del mismo país, el ministerio de Gobernación, dijo que Macías está acusado del asesinato de tres militares, ocurrido en el departamento de Izabal en 2019. Por su parte, según la misma nota, “la Policía Nacional de Guatemala lo acusa de asesinato en grado de tentativa, asociación ilegal de gente armada y usurpación agravada”. Por si algo faltara, el viceministro de Gobernación, Gendry Reyes, dijo a los medios que “contra Macías/Montes hay tres órdenes de captura vigentes”. Como puede verse, las fuentes guatemaltecas no se ponen de acuerdo.

De acuerdo con las imprecisas fuentes de La Jornada, Macías, de 77 años, “se encontraba en una forma de vida común en el lugar” donde fue detenido, y al establecerse que se hallaba en México de manera irregular fue “expulsado de esa manera” (¿cuál?).

Las FAR que dirigió Macías/Montes competían en la década de los sesenta con otra organización guerrillera, el MR-13 (Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre), que era dirigido por Marco Antonio Yon Sosa, teniente del ejército guatemalteco que fue adiestrado por los marines estadunidenses, quien en 1960 desertó para convertirse en guerrillero, en los años más sangrientos de la dictadura militar chapina.

En el grupo de Yon Sosa participaron Adolfo Gilly y otros trotskistas que acabaron rompiendo con él y vinieron a México, donde fueron detenidos por la policía política y encarcelados de 1966 a 1973. El propio Yon Sosa fue asesinado en mayo de 1970 en territorio de Chiapas. En torno a este hecho se manejaron dos versiones: una decía que los asesinos fueron kaibiles y otra señala como responsables a militares mexicanos al mando de uno de apellido Casillas, quien habría llegado a general. A éste se atribuye la orden de ejecución, pese a que el guerrillero, ya rendido, había entregado sus armas y dinero. El gobierno mexicano jamás aclaró el caso.

Cabe mencionar este episodio porque entonces, como ahora, las autoridades de nuestro país parecen empeñadas en participar de una guerra que no es de los mexicanos. Hasta hoy, ninguna dependencia oficial se ha servido a aclarar lo referente a la detención de César Macías/Montes. La versión del gobierno guatemalteco es que el guerrillero llevaba “una vida normal”, lo que puede interpretarse como pacífica. No había cometido delito alguno en el territorio nacional, salvo su internación como perseguido político que era, y al que sería ridículo o estúpido exigirle que antes de venir tramitara una visa.

El gobierno mexicano está obligado a aclarar lo ocurrido. Tenemos derecho a saber si en los hechos participaron una o más dependencias del Estado y de dónde y de quién partió la orden de detención, pues en estas circunstancia cabe pensar que vino desde Washington. Igualmente, debe informar si se permitió que policías, soldados o civiles guatemaltecos participaran en lo sucedido.

Al entregar a Macías/Montes a las autoridades torturadoras y genocidas de Guatemala, el gobierno mexicano niega el asilo y reniega de una honrosa tradición mexicana. Es algo vergonzoso.