Hace bien Andrés Manuel en abrirse a otras fuerzas, pero debe hacerlo con tacto, cautela y una política bien planeada, ya que sólo logrando una mayor unidad lograremos llegar al 2025 con una nación viable, mejor.

Foto: José Mendez / EFE

Por Jorge Meléndez Preciado

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 02 de septiembre de 2020.- A pesar de todos los problemas que se han agudizado: no cede la pandemia, la crisis económica por venir será la mayor desde 1932 (Arturo Herrera, secretario de Hacienda, dixit), más  renuncias en su gabinete y las que están por venir, el verdadero desastre que es Morena, su necedad de no usar cubrebocas, las mañaneras donde hay contradicciones evidentes, un regreso a clases mal planeado, la inseguridad que no baja y la falta de   eficacia en varios de los programas insignias del sexenio, Andrés Manuel López Obrador llega a su segundo año de gobierno con un repunte en su popularidad.

Va de 65. 7 por ciento de aprobación en el diario, El País; a 53.4 por ciento en El Universal; pasando por 56 por ciento en Reforma; 59 por ciento en El Financiero, y 54 por ciento en El Economista.

Ha recuperado puntos, más de 12, en los últimos meses no obstante los problemas anotados. Ello, según este tecleador, por su ataque a la corrupción: el asunto de Emilio Lozoya, en primerísimo lugar, donde están metidos hasta el cuello Enrique Peña Nieto y su guía Luis Videgaray, y Felipe Calderón Hinojosa, el cual después del libro de Olga Wornat: Felipe, el oscuro, se ha quedado helado como Margarita con harto hielo.

El caso Juan Collado sigue adelante; Rosario Robles puede estar más en la cárcel que algunos presos políticos de antaño, y recientemente detuvieron a Gerardo Sosa Castelán, el cacique de la Universidad Autónoma de Hidalgo, a quienes Alfredo Rivera y Miguel Ángel Granados Chapa dedicaron un texto con el bonito título de: La Sosa Nostra; periodistas que fueron demandados por el prepotente y ratero manejador de una institución de educación superior.

El panorama no es muy halagador, en los próximos meses para el actual ejecutivo federal. No obstante que el citado periódico Reforma, barco guía de la oposición al régimen, señale que para la elección de diputados próxima: Morena tiene intención del voto de 43 por ciento y el PRI y el PAN, respectivamente, están a la mitad de esa cifra.

Ello porque los morenistas son un desastre. Hay cuando menos cuatro queriendo encabezar el movimiento, que no partido, Mario Delgado, la inenarrable Yeidckol Polenvsky, Bertha Luján y recientemente saltó Gibrán Ramírez, un jovenazo que señala correctamente que la fuerza para cambiar el país está en los jóvenes millenails y centenaills, lo cual es cierto, pero estos ven la política con asco, horror o cuando menos desprecio. Y en las filas de dicha institución no hay la menor coherencia para nada.

Recientemente tuvimos el caso de  Gerardo Fernández Noroña, quien para tratar de ganar la presidencia de la Cámara de Diputados  sumó a las filas del PT al mafioso y traficante de influencias: Mauricio Toledo, quien mandó a sus huestes a que agarrarán a sillazos a los asistentes  a dos mítines en la campaña de Claudia Sheinbaum, y a Héctor Serrano, quien siendo secretario general de Miguel Ángel Mancera, hizo todo lo posible por oponerse a los morenos y utilizó todo el presupuesto a su alcance para los gastos más propios de la mafia con tal de favorecer a su jefe, actualmente como zombi en el Senado de la República.

¡Cómo fue posible que Fernández Noroña llegara a tales límites! Incluso expresó este señor: “Yo soy el presidente del Congreso en el corazón del pueblo”. Ni Avelino Pilongano, el poeta de La Familia Burrón fue tan cursi.

Después que López Obrador dijo que la presidencia le correspondía al PRI, aparentemente Fernández Noroña y el PT se habían disciplinado. Pero decenas no hicieron caso, votaron en contra del tricolor, otros se ausentaron y algunos más hasta se burlaron. Muestra del desmadre existente en la organización que sacudió a México. Y también que Mario Delgado no tiene ningún liderazgo. Adiós aspiraciones.

Por otro lado, renunció el buen ecologista Víctor Manuel Toledo a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y en su lugar quedó María Luisa Álbores, que antes estaba en la secretaría del Bienestar.

Por angas o mangas van más de 14 renuncias o ceses y vendrán más. Un equipo muy frágil que debe recomponerse seriamente ante los gravísimos problemas por venir.

Fortalezas, hasta ahora, en la ciudadanía; debilidades en serio al interior. Ese es el gobierno actual.

Hace bien Andrés Manuel en abrirse a otras fuerzas, pero debe hacerlo con tacto, cautela y una política bien planeada, ya que sólo logrando una mayor unidad lograremos llegar al 2025 con una nación viable, mejor.

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