OTRO PAÍS

Tomás Tenorio Galindo

Es demasiado alta la apuesta que hizo el presidente López Obrador al poner la construcción de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, en las espaldas de Pemex, la Secretaría de Energía y el Instituto Mexicano del Petróleo, con la presión adicional de que deben terminar la obra exactamente en tres años y sin excederse del costo programado de ocho mil millones de dólares.

Si tres de las mejores empresas internacionales especializadas en este tipo de obras (Bechtel-Techint, de Estados Unidos, Worley Parsons-Jacobs, de Australia, y KBR, también estadunidense) se declararon incompetentes para construir en esos términos y plazos la refinería, ¿cómo podrán hacerlo Pemex, la Sener y el IMP en menos tiempo del que requerían los consorcios, dando por hecho que pudieran lograrlo con el presupuesto fijado? Y por no preguntar ya sobre la calidad de la construcción.

Y no es que no puedan hacerlo, sino que quién sabe si puedan conseguirlo en ese plazo y con ese dinero, pues no hay este momento una sola razón, ninguna evidencia de que la opción adoptada por el presidente sea la mejor. Colocada en el reto de recuperar la producción de petróleo mediante la rehabilitación de las seis refinerías existentes en el país y solucionar su endeudamiento de 105 mil millones de dólares, no parece razonable ni prudente tensar más los músculos de Pemex con el peso que implica la construcción de otra refinería.

Menos razonable parece si, además, se considera que la construcción de esa refinería podría no ser necesaria, o no con la premura e improvisación con que fue echada a andar, debido precisamente a la rehabilitación de las seis que están activas y que en un futuro cercano estarán en capacidad de sustentar la autosuficiencia en producción de gasolinas que López Obrador promete alcanzar en el 2022.

López Obrador asegura que su gobierno hará que las refinerías rehabilitadas produzcan gasolinas a 90 por ciento de su capacidad, desde el 30 por ciento actual. Aunque este no es un punto de vista técnico, ¿la rehabilitación de las seis refinerías no resolvería el abasto del consumo nacional, que asciende a 800 mil barriles diarios? Es conocido el dato de que la importación de gasolinas es de 70 por ciento del consumo, lo que significa que sería suficiente con que las seis refinerías reconfiguradas produzcan medio millón más de barriles de lo que producen en este momento, para cubrir la demanda diaria. En ese contexto, ¿cuál es la justificación y la urgencia de Dos Bocas?

Existe en este tema, como en la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la decisión de trasladarlo a la base aérea de Santa Lucía, y como en muchas otras decisiones del nuevo gobierno, una nota de osadía que lleva consigo improvisación e incertidumbre.

Al dar a conocer el jueves pasado que había sido declarada desierta la licitación para construir la refinería de Dos Bocas, el presidente dijo que la determinación de poner sobre Pemex la obra no había sido tomada apresuradamente la noche anterior. Sin embargo, eso es exactamente lo que parece: una decisión irreflexiva y aventurada, que puede costarle mucho al país –y no sólo en términos económicos y dinero– y a su gobierno una pérdida considerable en su credibilidad. Al final no lo sabremos sino hasta mayo de 2022, aunque habría proyectado seriedad y dominio de la realidad mejor no hacer una apuesta tan riesgosa.

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