*Un cambio ocurrirá a partir de que las mujeres se hagan la pregunta correcta: “¿Y si en lugar de estar sometida ejerzo mis derechos?

Martha Cupa León

Pedro Infante fue una de las mayores desgracias para México, ya que a través de sus películas (muy populares en la Época de Oro del cine mexicano) no solo se normalizó el machismo, sino que se le abordó como tema de orgullo nacional.

Emilio Pineda, licenciado en Ciencias de la Comunicación, conferenciante, consultor y capacitador en temas de comunicación e inteligencia emocional, entre otros, aseguró lo anterior. “Muchos admiradores de Pedrito se reían cuando, en alguna de sus películas, el carismático actor besaba a una mujer en presencia de la otra para darle celos: se les hacía chistoso que se engañara a una mujer”, agregó durante el curso virtual “Pensamiento creativo para un mayor desarrollo humano”, en el que destacó que el machismo también proviene de la religión porque en esta se le da a la mujer un papel de segunda clase.

El diccionario de la Real Academia Española define al machismo como “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. La Época de Oro del cine mexicano finalizó a mediados del siglo pasado, pero en la actualidad todavía abundan los orgullosos machos que actúan fuera de las pantallas: en la vida cotidiana, y siguen siendo el principal obstáculo para que un gran número de mujeres ejerzan sus derechos.

El Estado ha realizado esfuerzos para superar el clima general de violencia hacia las mujeres y promover los derechos femeninos en los ámbitos familiar, institucional, laboral, docente y en la comunidad. Sin embargo, incluso mujeres encantadoras, inteligentes, llenas de vida, con cualidades sociales muy desarrolladas y capaces de tener un gran éxito se enganchan con hombres carismáticos, corteses, educados, sociables…, quienes, una vez establecida la relación de pareja, se muestran humillantes, sarcásticos y despreciativos con ellas. “Cuando me casé -o me junté- con él no era así” expresan muchas mujeres que viven con hombres que les controlan el dinero, el tiempo, la forma de vestir… 

Cuando ellas viven bajo la sombra del abuso emocional, generalmente presentan síntomas de depresión, ansiedad, miedo, impotencia, frustración, culpa… En la dinámica de la relación, los hombres machistas primero les restan su capacidad y estima propia y luego las denigran y humillan a la menor oportunidad con frases como: “No me ayudas nada”, “No puedes hacer algo tan sencillo”, “Quieres que yo lo resuelva todo”, “Estuvo mal lo que hiciste”, “Debiste haberle dicho”, “Si fueras un poco más inteligente”… 

Curiosamente, los abusadores rara vez se separan de sus parejas porque esa relación los hace sentir más hombres, más seguros y superiores. Es a ellas a quienes corresponde identificar el problema para resolverlo porque su situación debe mejorar. El cambio ocurrirá a partir de que esas mujeres se hagan la pregunta correcta: “¿Y si en lugar de estar sometida ejerzo mis derechos? E inmediatamente informarse y actuar para erradicar el machismo en su hogar, su colonia, su ciudad y en el mundo entero.