–¿Qué hora es?—preguntó el Presidente.

–¿Las que usted diga, señorpresidente–, respondió el subalterno.

Entresemana

Moisés Sánchez Limón

¿Es cobarde el doctor Urzúa por haber divulgado en redes su carta de renuncia, como lo calificó la diputada morenista Tatiana Clouthier?

Lamentable adjetivo, así haya sido dislate enunciativo ayer en la sesión de la Comisión Permanente, de la legisladora que en tiempos recientes defendió al entonces poderoso, aunque ahora sabemos no tanto ni menos influyente miembro de la burbuja del licenciado López Obrador quien, horas antes había declarado que tuvo diferencias con su, entonces, secretario de Hacienda.

¡Ah!, también con Alfonso Romo y otros personajes del primer nivel de gobierno. ¿Con la Oficial Mayor de Hacienda, Raquel Buenrostro?, no, con ella no, dispensó Andrés Manuel aunque en los hechos, mediante un acuerdo publicado precisamente en el Diario Oficial de la Federación le otorgó, desde hace dos días, poderes por encima de los del secretario de Hacienda. Ni más, ni menos.

No cabe duda que en política no cambian las formas de excluir al divergente, en satanizar y linchar al que discrepa de la línea y se atreve a exponer sus ideas así sean contrarias a las del jefe, el líder, el patrón, el prócer, el señorpresidente.

Estos ciudadanos que llegan a las grandes ligas y se rebelan contra el statu quo del gobierno en turno, porque simplemente son congruentes con su decir y hacer, con sus convicciones, de pronto son los demonios caídos y, convertidos en perros del mal, neoliberales perseguidos por émulos de Torquemada al frente de la turba que busca colgarlos en la plaza pública.

En la historia política nacional hay ejemplos varios de estos próceres caídos en desgracia. Unos han ido a prisión, otros al exilio en embajadas y los más al ostracismo, aunque con cierta frecuencia se reincorporan a la actividad pública amparados en otras siglas contrarias a las que los encumbraron e integrantes, por regla común, de grupos a los que antes combatieron y convertidos en asesores cuando no compadres de los líderes a quienes calumniaron.

Pero, vaya…

¿Alguien se ha enterado de algún miembro del gabinete presidencial que discrepe de las ideas del licenciado Andrés Manuel López Obrador? Hasta ayer que el señorpresidente aireó en público, en la mañanera, los motivos por los que renunciaron Germán Martínez y Carlos Urzúa Macias los 30 millones y más nos enteramos que ambos, desde el IMSS uno y de Hacienda, otro, estaban en desacuerdo con la política hacendaria que diseña el inquilino de Palacio Nacional.

Que apenas se movió el peso en la paridad con el dólar y la caída en la Bolsa Mexicana de Valores no fue significativa a consecuencia de la renuncia del doctor Urzúa al cargo de secretario de Hacienda, son elementos de la solidez con la que éste manejó las finanzas nacionales.

Y no nos engañemos con la explicación supina del licenciado López Obrador, también merced al respaldo y respeto que los capitanes de empresa, inversionistas nacionales y extranjeros han tenido hacia el doctor Urzúa en los siete meses que se desempeñó como secretario de Hacienda, como en la política monetaria del Banco de México, cuyo gobernador Alejandro Díaz de León Carrillo no es uno de los próceres lopezobradoristas de subrayada animadversión a los economistas itamitas, aunque Mario Delgado Carrillo, el próximo dirigente nacional de Morena, es un connotado itamita.

Es cierto, en los gobiernos priistas y panistas las renuncias generalmente se matizaban con eufemismos como “motivos de salud” o “por razones estrictamente personales” y “atender asuntos de familia”, también “para cumplir otras encomiendas”, aunque en realidad el jefe de la burbuja, el señorpresidente había decidido defenestrarlo y mandarlo a la banca, o en algunos casos en calidad de chivo expiatorio para enfrentar problemas que ponían en riesgo al propio Presidente.

Hoy, la renuncia del doctor Urzúa Macías fue admitida por el licenciado López Obrador a quien no le quedó otra que enfrentar una situación que puso en vilo al gabinete presidencial, pero sobre todo a las decisiones unilaterales que desde siempre ha tomado Andrés Manuel como acto de fe, quizá incluso porque algún chamán o desde el cielo, en serio, así se lo han indicado.

Porque, mire usted, no es gratuita esa invocación que suele hacer como ministro de culto acerca de lo que es o no cristiano, lo que no se debe hacer so riesgo de no ser admitido en el templo. ¿Alguien del gabinete ha protestado por esa praxis de corte religioso?

Así, más allá de que un grupo de legisladores encabezados por el diputado federal José Elías Lixa Abimerhi, entre ellos el propio Porfirio Muñoz Ledo, de presentar una demanda ante la Secretaría de la Función Pública, para que se investigue lo dicho por el doctor Urzúa respecto del tráfico de influencias y conflicto de intereses en la designación de funcionarios en la Secretaría de Hacienda, el tema es lo que ocurre al interior del gabinete y cuyas consecuencias han sido minimizadas con los otros datos que dice tener el licenciado López Obrador acerca del comportamiento de la economía nacional.

Y es que, en la conferencia mañanera de ayer, preguntaron al Presidente respecto de la carta que escribió el secretario Urzúa.

–Queremos que usted le ponga nombres, porque él volvió a poner sobre la mesa estas diferencias que tenía con su gobierno. Usted ha hablado siempre de transparencia y de que hay que hacer la vida pública, cada vez más pública y queremos que usted le ponga nombres.

¿Quiénes son estas personas a las que se refiere Urzúa?, que toman decisiones sin sustento, sin evidencia, sin el cuidado de los efectos, que hacen imposiciones de funcionarios, que son personajes influyentes que motivan imposiciones. ¿Quiénes son, presidente?

–Miren –respondió López Obrador– en un gobierno democrático y en un gobierno que tiene como propósito transformar al país, siempre existen diferencias, discrepancias. Si se tratara de gobiernos conservadores, de mantener el statu quo, de no llevar a cabo cambios, la vida sería muy plana, nunca sucederían cosas, así es la historia política de México.

(..) Entonces, es un proceso de transformación, hasta podríamos decir que se trata de una ruptura. Y he dicho que no es un simple cambio de gobierno, es un cambio de régimen. Entonces, esto lleva a que haya puntos de vista, discrepancias, que se produzcan, incluso enfrentamientos al interior del mismo gobierno, del mismo grupo.

–¿Ruptura interna?

No tanto, sino diferencias –acotó el señorpresidente–. Lo importante es que el gobierno continúa su marcha sin problema, porque ya no somos nosotros los fundamentales, no somos los hombres los más importantes, las mujeres, sino es el proceso de transformación que está echando a andar.

He dicho que antes de que termine este año queremos dejar sentadas las bases para la transformación; vamos de prisa y no nos vamos a detener, los cambios van.

Es mejor acostumbrarnos y entender el contexto, las circunstancias de cambios que se van a seguir dando, incluso puede haber hasta otras renuncias—enfatizó el licenciado López Obrador.

Bien, pero por qué no aireó esta situación de severas diferencias, como el que desechara el Plan Nacional de Desarrollo presentado por el doctor Urzúa e impulsado el propio, sin ser experto en estos asuntos, como lo admitió en la conferencia. No cabe duda que es el gatopardismo ahora con el sello de la 4T. López Obrador retomó, aunque dice que no va con él y su gobierno, aquella máxima del poder:

–¿Qué hora es?—preguntó el Presidente.

–¿Las que usted diga, señorpresidente–, respondió el subalterno.

Y el doctor Urzúa se fue, pero dejó el mensaje de lo que ocurre en esa burbuja del poder. Es palabra del señorpresidente. Conste.

sanchezlimon@gmail.com

www.entresemana.mx

@msanchezlimon