La historia de la humanidad es la narración de la lucha del hombre por dominar al hombre, por ser obedecido, por tener poder.

El hombre se siente más hombre cuando manda y es obedecido. Mandar-obedecer es el binomio del poder. El hombre desea el poder y cuando lo obtiene se propone que este sea duradero: por eso crea reglas, acuerdos, instituciones… por eso creó la política.

Cuando decimos que un hombre es poderoso significa que tiene el apoyo de varias personas que hacen cosas en su nombre. Un hombre que tiene habilidades físicas o mentales sobresalientes, pero no pertenece a un grupo, tiene potencia, pero no poder. Si este hombre sobresale entre los demás, puede ser eliminado por un grupo: por envidia, la mayoría de las veces.

En varias áreas del conocimiento humano, los términos “poder”, “potencia”, “fuerza”, “autoridad” y “violencia” podrían ser usados como sinónimos; sin embargo, en política son los medios por los que el hombre domina al hombre y cada uno tiene su propio significado. En su libro “Sobre la violencia”, Hannah Arendt los define de la siguiente manera:

Poder: es la capacidad humana de actuar concertadamente. El poder nunca es propiedad de un individuo, pertenece a un grupo y existirá mientras el grupo se mantenga unido. 

Potencia: designa inequívocamente a algo en su entidad singular, individual.

Fuerza: indica la energía liberada por movimientos físicos o sociales. 

Autoridad: su característica es el indiscutible reconocimiento por aquellos a quienes se les pide obedecer; no precisa de la persuasión ni de la coacción. 

Violencia: se distingue por el uso de instrumentos, los cuales son concebidos para multiplicar la potencia natural hasta que, en la última fase de su desarrollo, pueden sustituirla.

En términos de política, el gobierno es quien tiene el poder: es quien manda, y el pueblo, obedece. Para mantener el poder es indispensable el respeto, y para tener respeto es indispensable la autoridad. Un maestro tiene autoridad ante su alumno: este lo obedece por lo que aquel representa. Lo mismo ocurre con el padre ante su hijo, con el sacerdote ante sus fieles…

Si se pierde la autoridad se pierde el respeto y sin este se acaba el poder. Por ejemplo: un padre puede perder su autoridad por golpear a su hijo, es decir, por comportarse con él como un tirano. Entonces el padre es despreciado por su hijo. El mayor enemigo de la autoridad es, por tanto, el desprecio y el medio más seguro de minarlo es la risa.

El gobierno que no se hace responsable de las crisis de una nación, que no responde a las peticiones de sus representados, que no resuelve los problemas del pueblo… es un gobierno burócrata: nadie da la cara, y la burocracia es la peor de las tiranías.

El pueblo desprecia al gobierno tirano y se ríe de él en su afán de disminuir su dolor ante la violencia, la injusticia, la pobreza… Prefiere burlarse de los representantes del poder en su país, en lugar de sufrir el desprecio que le inspiran por su incapacidad de resolver los problemas colectivos. 

En su sufrimiento, el pueblo se burla de quienes solo buscan ser obedecidos, de quienes solo pretenden tener el poder y mantenerlo. En este contexto, mandar-obedecer es igualar al poder con la violencia. Si el gobierno manda y no es obedecido significa que no tiene poder. Pierde el poder porque ya no es respetado. Carece de respeto porque perdió autoridad al comportarse como tirano. 

Y el pueblo se ríe.