*Las mujeres tenemos derecho a vivir en paz y con una buena calidad de vida emocional, ya es tiempo de que la conciencia llegue a todos, ¡hagámoslo ya!  

Alejandra Campos

El compromiso impuesto a las mujeres de una sociedad como la mexicana, sobre el cuidado de la infancia, la juventud, los adultos mayores y los familiares con discapacidad, así como las labores domésticas, son claramente una responsabilidad que la frenan en cualquier actividad laboral, profesional y personal. 

La mujer es devaluada por esta actividad, en lugar de ser premiada, la crítica social viene acompañada con minimizar su papel, se dice “ella no trabaja”, “ella es la hija, hermana o mamá” ,“ella es mujer, yo no puedo soy hombre además trabajo…”, “de que se queja sino hace nada sólo cuida a…”, “tú tienes la culpa sólo pierdes el tiempo y no estudias o trabajas…”, ¿en qué momento se desarrollará si se está encargando del cuidado de quién necesita?, y un sin número de argumentos que siempre justifican al hombre y demeritan su quehacer. 

Las mujeres son convencidas por terceros y ellas se convencen a sí mismas pues los roles están bien establecidos desde hace mucho. Y qué pasa cuando la sociedad está cambiando, el impacto es fuerte o cuando menos lo será.  La preparación para las nuevas generaciones debe ser proporcionada por todos los actores de la sociedad, desde políticas públicas, educación, cultura, social y llegando a lo familiar. El encargarse de otras personas es renunciar a tener una vida propia, renunciar a objetivos, aspiraciones, sueños, recreación y en resumen al amor y felicidad. 

Ya lo decía Benedetti “Por amor no tienes que renunciar a nada: ni a tus amigos, ni a tu talento, ni a tus gustos. El amor suma, no resta”. 

Pero esta parte se hace a un lado siempre, las prioridades son la otra persona, las otras personas, ella se vuelve un fantasma, un ángel, que no necesita ni siquiera lo más básico, “ella deja de importar” importan los hijos, la madre envejecida, la o él hermano discapacitado, el padre enfermo o cualquier otro familiar. 

“Ella está sana, ella no siente hambre, ni dolor, ni tristeza, ella no se cansa, ella es inteligente, ella puede caminar, hablar, atenderse sola, ella no sufre como el familiar en cuestión, ella no necesita tanto como un niño que está creciendo etc.” Su tiempo será destinado a la reproducción biológica y al bienestar y tranquilidad del tejido social familiar, lo que incluye, alimentación, educación, valores, la motivación de los miembros más pequeños de la familia, el proporcionar seguridad y confianza y para los familiares enfermos, alimentación, limpieza, medicación, terapias, consultas periódicas y más.  

Esta situación es una tarea muy compleja, pues si lo viéramos con ojos de profesionistas nos daríamos cuenta que se deben abarcar varias áreas de disciplina y la mujer actúa de manera intuitiva dando lo mejor de sí o lo que cree que beneficiará a sus familiares.

“El trabajo de cuidado ha estado desvalorizado por el orden dominante de género, que ha relegado a las mujeres al mundo de lo privado; y al reforzarse la asociación de la actividad de cuidado con lo femenino, se ha convertido también en un obstáculo para que las mujeres puedan participar en otras esferas de la vida, como la política, la sociedad civil, el mundo laboral asalariado. Darle visibilidad al trabajo de cuidados, convoca a una transformación de roles; a una redistribución de las responsabilidades en el hogar, y a la forma en la que mujeres y hombres emplean sus tiempos en las distintas etapas de la vida” Amalia García Medina (“El descuido de los cuidados” Consejo Económico y Social de la Ciudad de México- 2016, pág 21)

La discriminación de la mujer no sólo se presenta en México sino en todo el mundo, pero México es potencialmente discriminador, la carencia educativa y cultural, las viejas tradiciones y costumbres de sumisión por una parte y de poder por la otra que difícilmente se ha podido eliminar, la división de tareas por la condición sexual establecidas por quién tiene el poder “físico” no han hecho otra cosa que segregar a la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, la han llevado a una vida muy lamentable, en algunos casos y en otros a una vida de lucha por la libertad y mejores condiciones de vida, en todos estos casos los hombres, los gobiernos, las políticas mundiales, todos estos empresarios del poder conformados por hombres, tendrían la obligación que pedirnos disculpas, ha sido una guerra silenciosa contra nosotras, de la cual aún no nos hemos liberado. La comprensión hacia el género femenino siempre ha fallado y nunca ha sido sensible con su existencia en este mundo. 

Las actividades son humanas y no le pertenecen a una o a otra, no puede pasar nada si los hombres cambian pañales o planchan o desean ocuparse de las labores domésticas o si las mujeres cambian una llanta de auto o toman decisiones políticas y son escritoras, artistas, científicas o deciden estudiar ingeniería mecánica, ser astronautas etc. En cuanto la familia tome decisiones que saquen a las mujeres de estos roles de género o los gobiernos apoyen para que haya equidad en el cuidado de  miembros de la familia que necesiten ser atendidos, las cosas irán avanzando hacia una democracia y justicia para las mujeres. No es justo que prevalezca el valemadrismo y la indiferencia de los familiares y de la sociedad en general, todos se tienen que hacer responsables de los familiares vulnerables, las mujeres tenemos derecho a vivir en paz y con una buena calidad de vida emocional, ya es tiempo de que la conciencia llegue a todos, ¡hagámoslo ya!