*Nuestros retos: entre la obviedad y la necedad de ser reconocidas

Alejandra Campos

Podemos hablar de retos que cada persona tiene de manera rutinaria o esporádica, pero hablar de retos femeninos, es hablar de cambios drásticos en la vida de las mujeres. Estos cambios se han venido dando a través de los años, impulsados por nosotras, motivadas siempre por una mejor calidad de vida. 

Las mujeres, además de motor, somos un corazón que ha brillado durante décadas y ese brillo se ha querido ocultar y apagar de muchas formas. Sin embargo, nuestra naturaleza nos lleva a ser persistentes, encontrar el mejor camino para la felicidad, sin ser egoístas; yendo de la mano con los hombres, siempre que nosotras progresamos y aportamos más a este mundo a todos nos irá mejor.

Considero que algunos hombres, no todos, quiero ser muy puntual en esto, nos han frenado de diferentes formas. La sociedad patriarcal ve con malos ojos que nosotras estemos en la búsqueda, pero esa sociedad que intenta frenarnos poco a poco se va extinguiendo, sólo basta ver a la juventud de esta nueva época.

Hablo de esa juventud que veo a mi alrededor, quizás las encuestas confirman datos más objetivos y el tema bien valdría ser profundamente investigado, pero mi percepción es esa, “el poder patriarcal se está extinguiendo poco a poco” y esa conquista es resultado de nuestra lucha.

 

 “No somos la sombra del hombre, somos presencia tangible; llenas de inteligencia, de amor y sensibilidad en el mundo que nos rodea.”

Si bien los retos son muchos, el simple hecho de atestiguarlos y hacerlos nuestros ya es por sí solo un desafío, es absurdo permanecer en la indiferencia y no en la reacción.

 Los retos van desde el plano familiar, pasando por el personal, profesional, económico, hasta  lo político y social.

En la familia como en la sociedad ya no existe un solo poder, el del padre; existe también el de la madre, de la mujer, ambos deben educar, proteger, amar, alimentar, opinar, crear y construir.

 El poder del hombre siempre fue como el “gran poder” decidir, dirigir, organizar y proveer era considerado lo más valioso, mientras los otros poderes, los de la mujer, eran considerados como menores; el hombre, el padre siempre estuvo ausente en asuntos importantes, asuntos que la mujer resolvió y no fueron valorados, todo es valioso, tanto las aportaciones de uno como de otro, nos complementa, nos ayuda a resolver problema y a formar criterios para vivir en  armonía nos hace más humanos, culturalmente nos hace mejores personas, personas pacíficas, audaces, inteligentes, que enriquecen la inteligencia de los humanos.

El que las mujeres seamos reconocidas no es un mero deseo egocéntrico, es un objetivo que dignifica la labor y pone en la mesa temas para llevar a cabo dentro de la sociedad, sociedad de hombres y mujeres con “inteligencia y raciocinio”. Sociedad que tiene deseo de vivir en paz.

Las mujeres somos una mirada crítica de un patriarcado en agonía, somos la reacción poética de la sociedad, cuando nos critican sabemos que vamos por buen camino.