Caricatura: Rape

Jorge Meléndez Preciado

Hay ocasiones en que escribir da un gusto enorme. Otras, en las cuales las manos parecen tiesas, como de reumático. Pero en todas ocasiones, dicen los maestros como Miguel Ángel  Granados Chapa, hay que hacerlo. Incluso para decir adiós como él lo planteó en su última Plaza Pública.

A la trágica muerte de Virgilio Caballero, un creador de radios estatales  en diferentes entidades del país, con el cual transitamos, incluso en ocasiones confrontados como es la vida misma, después llegó el suicidio de Armando Vega- Gil. En el intermedio supimos  del triunfo de Sergio Aguayo contra el cacique y saqueador estatal, Humberto El Bailador Moreira. Tres acontecimientos  que estarán en la memoria del periodismo mexicano.

Virgilio fundó programas de televisión notables: Del hecho al dicho, con Manuel Buendía. Mesas de discusión con ilustres  personajes: Granados Chapa, Lorenzo Meyer y muchos más. Yo destacaría, empero,  en la difusión de los migrantes nacionales, la instauración de los sistemas de radio y televisión en Sonora, Quintana Roo y Oaxaca, entre otros. En este último fue recomendado, ahora sabemos, por Carlos Ortiz Tejeda (La Jornada, 1 de abril), y logró hacer que en los medios citados se escucharan   las voces de diferentes lenguas del estado gobernado entonces por Heladio Ramírez López. También estableció  y dirigió el Canal del Congreso e impulsó el canal 21, malogrado debido a Marcela Gómez Zalce, quien lo llevó a la ruina, como se puede ver en pantalla. Hay más en la historia de Caballero, siempre convocando a la batalla, en su última etapa  como legislador morenista.

Armando Vega- Gil fue un artista  plural. Desde la fundación de Botellita de Jerez que hizo la reivindicación del rock mexicano ante la chafes que tuvimos durante años, como en la creación de talleres y apoyos a diferentes grupos sociales y en la escritura dónde intentó todo: poesía, novela, investigación y otros géneros. En Cuenta regresiva (Ediciones B), que ganó el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí  2006, en el titulado: La espera, leemos: “No es el amor lo que mueve al mundo y las estrellas, sino el miedo a perderlo”.  Algo que podríamos decir acerca de su terrible decisión de suicidarse, por un mensaje en @metoomusicamx en donde se le acusaba que hace años había tratado de seducir a un joven de 13 años, lo que resultó increíble para todos los que estuvieron cercanos al también guionista, documentalista, apoyador de mujeres y niños. Tanto que en su último mensaje dijo: “las mujeres,  aplastadas por el miedo y la amenaza, son las principales víctimas de nuestro mundo”. Aunque una de ellas, tal vez, lo llevó a su decisión final, ya que su honor y lecciones estaban por encima de los infundios de quienes ahora utilizan las redes como juez implacable. Por cierto, el portal ya cerró.

Bien lo anotó Rapé (Milenio, 2 de abril) en su caricatura: Tribunales mediáticos. Y  otro monero, Alarcón (El Heraldo, ídem),  presenta como los pájaros de la película de Hitchckok, se espantan ante el pajarillo de tuiter.

Se necesita moderación, evitar que otros caigan en las garras de la intolerancia y la desesperación, aunque, es cierto, hay que denunciar pero dar la cara y exigir que la justicia tenga plena vigencia  para que se reparen daños de este y otros tiempos. Aunque debe evitarse el anonimato, salvo en casos excepcionales. Ojalá la PGJDF siga la huella del caso Vega-Gil.

Sergio Aguayo, hace tres años, señaló lo que era harto sabido: en Coahuila  hubo un sinfín de manejos oscuros de dinero: la deuda pública de dos mil millones de pesos se elevó a quince veces más, pero también los crímenes y la entrada del narcotráfico estuvieron presentes  en el reinado de Humberto Moreira, al que hicieron presidente del PRI y luego lo mandaron a España para que no descalabrara la campaña de Enrique Peña Nieto.

El profesor bailador demandó al articulista de Reforma y un primer juez lo sentenció a pagarle millones de pesos a tan ruin sujeto. Pero el asunto continuó y luego de más de mil días, otro magistrado dijo que los análisis y las informaciones de Sergio no eran faltas contra el honor (ja,ja) de un individuo  que ni entre su familia es respetado. El señor Moreira, incluso, sufrió porque uno de sus hijos fue asesinado por narcotraficantes.

Si bien todos su compañeros de oficio felicitamos   Sergio Aguayo, la realidad es que tuvo que erogar más de medio millón de pesos en su defensa, no obstante que tuvo abogados pro bono (Héctor y Sergio Beristaín, felicidades), y dedicarle mucho tiempo al asunto, lo que hace del periodista una víctima no obstante que triunfe. El  tristemente famoso Mecanismo de Protección a Periodistas ignoró el asunto.

México continúa siendo un país donde hay más tecleadores asesinados que en naciones en guerra  (van siete en el actual régimen), en el cual la desprotección a los mismos es evidente y donde el acoso a los informadores va desde los funcionarios existentes, los narcos y hasta los procesos judiciales.

¿Habrá cambios serios en la Cuarta Transformación?

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