*De los que se formaron en la educación superior, cuando menos el 65 por ciento lee un libro al año  y la mitad de ese porcentaje, lo hace quienes terminaron la educación media.

 

Jorge Meléndez Preciado

Muchos y acuciantes problemas tenemos. Sobre todo en tres asuntos:  el crecimiento económico que será muy reducido, la violencia que continúa  en alza y las amenazas sin cesar de Donald Trump; en este último caso ligadas a una migración de países latinoamericanos, pero también árabes y africanos que está desbordando la frontera sur mexicana y creando dificultades en la norte.

Es necesario, empero,   detenerse en un asunto que al parecer no es tan grave pero resulta preocupante en grado extremo. El año pasado únicamente seis de 10 mexicanos leyeron un libro. Mientras que en 2015 la relación era 5 de 10. O sea, vamos como los cangrejos,  para atrás. No obstante que ahora hay más títulos a la venta, es posible hacerlo por medio de los medios digitales y se ha dicho que los nuevos promotores: el FCE y las autoridades de todo tipo apoyarán a los lectores.

Una pregunta inicial: ¿Han servido eficazmente para la lectura   las ferias del libro en muchos estados, la Internacional de Guadalajara, la muy concurrida de la Ciudad de México y varias otras? Lo que da paso a  la siguiente interrogante: ¿Es hora de hacer otro tipo de labores para lograr que abrir un volumen nos haga entender que entramos en un mundo desconocido,  de muchas aventuras e inquietudes y que nuestra visión se amplia y las preguntas, más que las respuestas, aumentan constantemente?

Eso es lo que provoca la apertura de un texto. Pero ello sólo es entendible cuando hemos llevado a cabo dicho proceso de manera libre, espontánea, lúdicamente, no cuando se trata, por la fuerza,  de hacer ejercicios que nos parecen tortuosos.

Recordemos, por ejemplo, el sudor, las manos temblorosas y los labios secos de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara al preguntarle cuáles eran los tres libros que había leído. Ni siquiera dijo que la tradicional Biblia, aunque este que es el más comentado, haya sido estudiado por unos cuantos, lo mismo que el famoso Capital de Marx. Obras realmente interesantes, polémicas y a las que debe entrárseles en serio.

Y, decíamos, de 2015 a la fecha se perdió cuando menos el 10 por ciento de lectores de cuando menos un libro. Gracias Enrique, hoy muy sonriente en una playa con su hija y  su novia, la modelo Tania Ruiz. Gastaste la fortuna de la nación en muchas cosas, menos en hacer que los mexicanos leyeran.

De los que buscan las letras- no las de cambio- hay quienes atienden  un promedio de 3.3 volúmenes al año, aunque el 21.3 por ciento comprende la mitad o menos del contenido de cada obra, lo que subraya lo planteado anteriormente: la forma de introducir al lector debe ser amable, como a un viaje de muchas opciones; no de forma autoritaria.

Mientras que los hombres se llevan a la vista cuando menos un periódico a la semana, ellas (las féminas)  son más dadas a concentrarse en libros y revistas. Lo que nos recuerda al hombre de las botas, no el famoso gato de la literatura, sino Fox el asustadizo y berrinchudo que decía: “si quiere ser feliz no lea diarios”.

El 42.5 por ciento prefiere la literatura; 34.1 los textos relacionados con una materia de su profesión; 26.6 por ciento los de autoayuda, superación (abominables para este tecleador, Benito Taibo y muchísimos más)   y religiosos; 7.5 son de manuales, guía y libros de cocina (hay en este último sector uno espléndido de Ricardo Moreno Botello: La cocina en Puebla).

Entre las revistas: el 31.1 por ciento son de entretenimiento; el 23.9 de salud, bienestar y cultura en general; el 22.5 por ciento de ciencia y técnica: el 18 por ciento de política, economía y finanzas y el 9.6 por ciento religiosas. O sea, que los dos poderes más importantes, además del mediático, la grilla y los números económicos están muy a la baja, lo que muestra que los  largos años de la influencia televisiva siguen entre nosotros y el desprecio a la actividad política muestra porque pocos son los que disponen de la mayoría.

De los que se formaron en la educación superior, cuando menos el 65 por ciento lee un libro al año  y la mitad de ese porcentaje, lo hace quienes terminaron la educación media.

¿Dónde se compran los libros?

El 25 por ciento en las tiendas departamentales (resultando más costosos y la variedad está  muy acotada a las necesidades sociales). Lo cual muestra que es necesario ampliar el número de librerías de barrio, hacer círculos de lectura, difundir más por radio y televisión las obras y edificar bibliotecas  por muchos lugares, amén de hacer como en Colombia: poner en acción a miles de burros que lleven la luz de la palabra al enorme territorio nacional.

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