No habrá final feliz. Lo necesario es que las bases obliguen a sus dirigentes a no poner sus egos e intereses por encima de una transformación que necesita, urgentemente, el país.

Foto: Cuartoscuro

Por Jorge Meléndez Preciado

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 15 de octubre de 2020.- Se veía llegar: la formación de Morena basada únicamente en el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, no procesaría bien la elección interna.

Además, la prolongación de la jefatura de Yeidckol Polenvsky y su posible malversación de fondos; la incorporación de sujetos como Jaime Bonilla, Armando Guadiana y hasta Lily Téllez- la hoy muy sarcástica y antes reportera sumisa al máximo-; la ausencia de un periódico, escuela de cuadros y estructuración del movimiento en partido; la famosa tómbola para elegir a candidatos (como si fuera juego de feria) y muchos otros aspectos más, hicieron de Morena un movimiento amorfo, sin rumbo, dado a incumplir con sus compromisos importantes: legalización del aborto y de la mariguana; combate a la corrupción entre sus filas y en el gobierno y la no incorporación de miembros importantes del PRIAN.
Cuánta razón tiene el investigador Armando Bartra: si no queremos que la Cuarta Transformación no fracase, se necesita hacer un partido sólido, muy bien organizado, que vaya incluso adelante del presidente de la República; que tenga cuadros muy bien preparados, que vea para adelante en cuestiones como la revolución digital y el cambio climático, etcétera, en lugar de pelearse por cacahuates y posiciones importantes o no.

Hay, por fortuna, colectivos, fuera de las direcciones. Ellos quieren un cambio profundo; exigen que se les consulte en lugar que la dirección tome decisiones a tontas y locas: como la desaparición de organismos de apoyos a mujeres, víctimas, periodistas y defensores de derechos humanos; atención a la salud y mejor educación y otros temas de importancia.

Hasta el momento no hay ganador para la dirección porque en una encuesta el margen es de 0.5 por ciento: 25.34 por ciento para Muñoz Ledo y 25. 29 por ciento para Delgado. Y en dichos estudios demoscópicos hay un margen de error de 2 a 3 por ciento, por lo que no se gana con una mínima diferencia.

Así pues, que Porfirio se emberrinche en tomar posesión, ya que se dice ganador, es irracional; y no lo hizo porque una serie de mujeres, enviadas o no, lo denunciaron de ser un acosador sexual. Por el otro lado, Mario ha invertido cientos de millones de pesos en su campaña, lo que es visible por los espectaculares que se pueden encontrar en muchas capitales y carreteras; en Puebla, de Miguel Barbosa, hay cuando menos una decena.

Estamos, pues, en una contienda tóxica que puede llevar a una pelea la cual traiga fracturas profundas y deje huellas imposibles de curar. Esto haría que los cambios que necesita el país, hoy más complicados por la pandemia y el boicot de los empresarios mexicanos -varios de los cuales están más atentos a los comicios de EU y apuestan por la reelección de Donald Trump (sic antimexicano) (El País, 12 de octubre), son factores en contra del crecimiento económico.

Porfirio, vapuleado por los caricaturistas de La Jornada y Rapé (Milenio, 12 de octubre), ha dicho que se puede hacer un gran partido si López Obrador lo apoya, aunque él no es un títere del mandatario (sic contradictorio). Mario Delgado señala que hay necesidad de reconstruir el país recorriendo el territorio (sic ausente de programa).

La que ganó la secretaría general, ya, fue Citlalli Hernández, con 21.44 de las preferencias. Arriba de su principal contendiente mujer, Karla Díaz. 13.69 por ciento. Aunque Emilio Ulloa, que jugó para la segunda posición, obtuvo 30.9 por ciento de apoyos (Óscar Cedillo, Milenio, 12 de octubre).

Ello muestra claramente que todo estaba mal hecho por el siempre aparentemente “pulcro” INE. Los cuales se lavan las manos: “haiga sido como haiga sido”.

Ahora se metió en la contienda el TEPJF, para desenredar la madeja. Y por eso se citó a una tercera encuesta. Pero ya sabemos que varios de sus funcionarios están a las órdenes del PAN, PRI y hasta de Felipe Calderón. Mala decisión.

Alfonso Ramírez Cuéllar, el jefe provisional llama a la cordura. López Obrador dice que él no se meterá en el asunto y prefiere no opinar (13 de octubre).
No habrá final feliz. Lo necesario es que las bases obliguen a sus dirigentes a no poner sus egos e intereses por encima de una transformación que necesita, urgentemente, el país.

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