*De aquella maquinaria electoral que ganaba todo a punta de billetazos ya no queda nada.

 

Foto: Mireya Novo / Cuartoscuro

Por Jorge Meléndez Preciado

Hace seis años nadie hubiera imaginado que el partidazo que había sido la marca más exitosa de nuestro país durante más de ocho décadas se cayera como las fichas de un domino en cantina de mala nota. Pero estamos en el fin de un largo ciclo que va trayendo cambios muy dispares,  pero   sin duda la correlación política será distinta de lo que fue habitual.

Los priistas Emilio y Gilda Lozoya y el que fue motejado: “gober precioso”, Mario Marín, andan huyendo y tarde o temprano caerán para ser procesados, sino antes  ellos atentan contra su vida. Por su parte, dos tricolores que ostentaron cargos diversos, uno de ellos incluso durante ocho años la Rectoría de la UNAM, Beatriz Pagés Rebollar y José Narro Robles, han renunciado a la organización que los promovió diciendo que habrá  imposición en la dirigencia de su agrupación (sic que descubre el universo) y que López Obrador va a colocar  a Alejandro Moreno en el PRI, algo realmente insólito.

Y quien ha sido un hombre importante en la vida nacional, el interlocutor con el PAN durante sus doce años de gobernanza y el primero en hablar con Mario Aburto- algo no  incluido en 1994– luego del asesinato de Luis Donaldo Colosio, el sonorense formado por Gutiérrez Barrios, Manlio Fabio Beltrones, dice que no votará en agosto para un nuevo dirigente porque no confía en el proceso interno.

Ante ese panorama de tricolores perseguidos por la justicia internacional, dimisiones importantes, cargada de gobernadores a un candidato y un PRI que en las pasadas elecciones incluso llegó al cuarto lugar en varias entidades,  a la dirigente Claudia Ruiz Massieu lo único que le interesa es pasar la estafeta a quién sea.

De aquella maquinaria electoral que ganaba todo a punta de billetazos ya no queda nada. Es más, ahora el panista Javier Corral le puede dar el tiro de gracia si llega a poner en la silla de un tribunal lo mismo a César Duarte, otro fugado y antes expulsado del PRI, y  al hoy muy bailador Peña Nieto, a  quien ahora le cantan: “Enrique bombón, te queremos en el jaulón”.

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