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Por Humberto Musacchio

Periodistas Unidos. Ciudad de México. 13 de noviembre de 2020.- Estados Unidos tiene cincuenta estados y un distrito federal. En la mayoría de esas entidades ya es legal el uso de la mariguana, en algunas para usos médicos y en otras también con fines recreativos, aunque cabe aclarar que, donde únicamente se autoriza el empleo terapéutico, para obtener la yerba, se requiere una receta de facultativo que resulta fácil de obtener.

En las recientes elecciones de la Unión Americana se incluyó en varios estados una votación para que los ciudadanos decidieran si se debía permitir el uso lúdico del cannabis. El resultado fue que cinco estados votaron por la despenalización y el estado de Oregon, donde ya era legal, despenalizó la posesión y el consumo en pequeñas dosis de matanfetaminas, cocaína y heroína, y el empleo médico de hongos alucinógenos.

Quien porte una cantidad mayor a la autorizada de las drogas ahora legales pagará, en Oregon, una multa de cien dólares, o bien, deberá someterse a un tratamiento de rehabilitación gratuito, el que será financiado con los impuestos derivados de la venta de cannabis. Adicionalmente, se estima que la legalización de las sustancias mencionadas disminuirá en 90% las detenciones, una buena noticia para las sobrepobladas cárceles estadunidenses y para las minorías raciales, las más afectadas por las políticas restrictivas.

Un ejemplo de los beneficios fiscales lo ofrece el estado de Nueva Jersey, que ha sido severamente golpeado por la pandemia y, como consecuencia, atraviesa por una severa crisis económica que se verá paliada por la aplicación de un impuesto de 6,625 sobre la venta de mariguana a mayores de 21 años, pues no se expenderá a menores de esa edad. En total, Nueva Jersey espera una recaudación anual de 126 millones de dólares, unos dos mil 500 millones de pesos mexicanos.

En México, donde crece la criminalidad ligada al tráfico de drogas, la actitud oficial ha sido de una mojigatería antinacional. Durante varios sexenios, los priistas se escudaron en que no podía procederse a la legalización por los tratados internacionales de los que México es suscriptor. Ese “argumento” lo manejaron también los gobiernos del PAN, pues su religión prohíbe ése y otros placeres, aunque al parecer sí está permitido empinar el codo en cantidades navegables, lo que, por supuesto, es su derecho.

Y como bien se sabe, un presidente panista con reconocida afición a las bebidas etílicas, Felipe Calderón, decidió declarar la “guerra a las drogas”, lo que costó la vida a más de cien mil mexicanos, cifra que se repitió en el sexenio priista de Enrique Peña Nieto, porque la política ante las drogas es hacer que se maten los mexicanos para cuidar la salud de nuestros buenos vecinos.

Con la elección del candidato de Morena, en 2018, muchos ciudadanos esperábamos que se pusiera fin a la matanza mediante la despenalización de la mariguana, pero el gobierno de izquierda ha presentado una tenaz resistencia. En ese año, la Suprema Corte declaró inconstitucional la prohibición del consumo lúdico de la yerba y dio un plazo perentorio para hacer los ajustes legales necesarios.

Sin embargo, transcurrieron casi once meses del actual gobierno sin que el Legislativo procediera a realizar tales reformas. Como era un mandato de la Corte, en octubre de 2019 el Congreso de la Unión solicitó un nuevo plazo y el Poder Judicial lo extendió hasta el 30 de abril de 2020, cuando, en auxilio de la mojigatería, llegó el coronavirus y con ese pretexto el Congreso pidió un nuevo plazo, el que la Corte concedió, mismo que vence el 15 de diciembre, cuando termina el periodo ordinario de sesiones del Legislativo, y hasta ahora no se observa en el agachón Congreso interés alguno en cumplir.

Mientras tanto, México, pese a estar sumido en una profunda crisis económica, se privará de un ingreso fiscal que mucho ayudaría a resolver problemas. Otro resultado, quizá más lesivo, es que continuará el derroche de inmensas sumas para impulsar la militarización y continuar con la carnicería.

Como ya ocurrió con el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo, con el llamado matrimonio gay y la adopción por parejas del mismo sexo, para la legalización de la mariguana quizá tengamos que esperar al siguiente sexenio, cuando Marcelo Ebrard sea presidente.