Martha Cupa León

A escasos días de la huelga de mujeres en México, la respuesta de mis amigas Lolita y Juliana me sorprendió: 

–Por supuesto que no participaremos en la marcha del 8 de marzo y sí iremos a trabajar el 9 de este mes –aseguraron.

–¡¿Por qué?! –pregunté sorprendida: Lolita y Juliana son mujeres profesionales, cultas y conscientes de la alarmante violencia de género que hay en nuestro país.

–Porque los neoliberales ya se colgaron de esta causa para lograr sus intereses.

–Pero en la huelga del lunes lo más importante es la protesta de las mujeres contra los feminicidios, no las ideologías de una minoría. El peligro de cualquier intento de mejorar es que se politicen las cosas: mucha gente se niega a participar porque cree que al hacerlo se alía a un partido político, y no es así: se suma a la lucha por resolver la alarmante violencia de género. El mayor suicidio de las mujeres es que por razones políticas dejemos de apoyar. Recuerden que la política es el arte de ayudar a la sociedad a pesar de la gente con la que te juntes. Las mujeres somos más importantes que cualquier ideología.  

–Pero no se va a lograr nada –dijo Juliana, convencida–. Lo sabemos por experiencia: las mujeres de nuestra generación, las baby boomers, logramos muy poco en la lucha por la igualdad de género. Lo único que conseguíamos era meternos en problemas con nuestros maestros o jefes al tratar de corregir su actitud. Nos etiquetaban como conflictivas y las demás mujeres no nos apoyaban, nos dejaban solas e incluso algunas de ellas les daban la razón a los hombres: nos quitaban las esperanzas de reformar a la sociedad patriarcal.

–Porque no éramos un colectivo –respondí tajante–. Ahora las jóvenes, las millennials, sí están unidas, hay sororidad entre ellas y han levantado la voz por nosotras ante la violencia de género. No solo debemos agradecerles esto, sino escucharlas y apoyarlas.

–Pero los hombres también deben apoyar: sería una discriminación no incluirlos, por ejemplo, en la marcha del domingo 8 de marzo: si buscamos equidad de género debemos pregonar con el ejemplo –recalcó Lolita.

–Tienes razón –respondí–, pero los hombres deben ir atrás. Tradicionalmente, ellos han llevado la delantera, han hablado por nosotras, han dicho cómo tenemos que ser: ahora las mujeres tendremos la palabra y dejaremos bien claro cómo debemos ser.

–Sin embargo, insisto, ¿qué se puede lograr con una huelga de mujeres? –inquirió Juliana–. Más bien debemos demostrar todo lo que podemos conseguir si trabajamos.

–Lo que se pretende con el movimiento “Un día sin mujeres” es que la sociedad –hombres y mujeres– tomen conciencia de lo que ocurriría si la maestra no llega a dar clases, la hermana no regresa de la escuela, la madre se ausenta del hogar porque las mataron por cuestiones de género. Se trata de que no se normalice la violencia contra la mujer, sino al contrario: que la gente se indigne de que, por ejemplo, el marido, el novio, asesine a la pareja porque la consideraba más débil o suya, porque la rebajaba al nivel de una cosa sobre la que podía decidir todo, incluso su vida o su muerte… 

Debemos exigir que el Estado cumpla con su obligación de eliminar todo lo que discrimina. ¿Cuántas leyes hay que reconocen problemas específicos de las mujeres? Las leyes se construyen pensando en los varones. Además, no es suficiente con crear una ley, sino crear elementos que aseguren su aplicación y que se difunda la información para que la mujer la conozca y sepa cómo emplearla para poder ejercer sus derechos.

La mujer tiene derecho a la igualdad, lo que significa que tiene derecho a la no discriminación, al ejercicio de todos los derechos que se le han negado. Todos los gobiernos tienen la responsabilidad de crear acciones de igualdad de género y de prevención de la violencia contra la mujer, además de investigar cuáles son las causas de esta violencia. 

Hoy 10 mujeres perderán la vida por cuestiones de género. La violencia es algo insoslayable. Acudimos a trabajar, a estudiar, a divertirnos, no a que nos acosen o a que nos violenten. Quisiera escuchar: “Vamos a evitar los feminicidios” con la misma contundencia con la que se manejan otros temas en el país. Por esto no iremos a la oficina, no nos dedicaremos a las labores del hogar, no asistiremos al gimnasio ni a las tiendas: para mostrar a la sociedad qué pasaría si nos siguen matando, si un día no regresamos.