Martha Cupa León

Es una sociedad enferma la que tiene mala enseñanza de la lógica. Esta rama de la filosofía nos enseña a resolver problemas y, por tanto, aumenta nuestras probabilidades de ser exitosos. Si no sabemos analizar, morimos jóvenes. En nuestra vida cotidiana analizamos todo, hasta cómo cruzar una calle. Mucha gente no se percata de que no sabe pensar ni analizar. Conozco muchos estudiantes de licenciatura que no saben pensar. 

Un efecto comprobable de estudiar lógica es que aumenta la inteligencia. En México esta materia es obligatoria en las preparatorias y bachilleratos; sin embargo, esto no es suficiente: se debe enseñar bien porque “algo bueno, mal enseñado puede ser peor que no enseñarlo. El único beneficio que aportan las malas clases es poder olvidarlas”.

Raymundo Morado señaló lo anterior y explicó que en nuestro país no tenemos una verdadera teoría de cómo enseñar lógica, y un mal maestro solo hace perder el tiempo a los estudiantes. “En México carecemos de  gente bien preparada para hacer la historia de la didáctica de la lógica, y si no tenemos historia, no tenemos cultura. Lamentablemente, cuando los profesores de esta asignatura se reúnen, es para quejarse, no para mejorar”.

Muchos docentes están enseñando una lógica del siglo XIX que no aprendieron bien. Es como si los alumnos van con el oncólogo y en la sala de espera hay revistas de hace 20 años: salen corriendo. Además, estos profesionales le dan la clase al pizarrón, por lo que no notan si los alumnos están atentos.

Por si fuera poco, en las clases de lógica los profesores dan ejemplos que no se apegan a la vida cotidiana. “Aprendemos en la escuela a obtener raíces cúbicas y memorizamos el Teorema de Pitágoras, pero pocas veces usamos esos conocimientos cuando se necesitan en la vida diaria. Un conocimiento que no desemboca en habilidades fuera del salón de clases queda arrumbado como algo inútil”.

“A menudo apenas si explicamos la lógica de la manera más abstracta, no la aplicamos más que a ejemplos amañados y provocamos actitudes de rechazo hacia la lógica. Eso es triste porque los alumnos necesitan la pasión y el amor por la lógica, por lo que ella puede decirles sobre sí mismos. No hay alumno perezoso, ignorante o apático cuando algo le apasiona. La pasión es el camino real hacia la lógica, y sin ella no puede haber verdadero aprendizaje. Una pasión luminosa”.

 Del mismo modo, continúa Morado, los docentes emplean palabras complicadas que los estudiantes no entienden: “el lenguaje es con el que pensamos, y si no conocemos bien el lenguaje, no podemos pensar bien”, por tanto, en este caso sería preferible que no existiera esa materia en el plan de estudios, deduce el catedrático que forma parte del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.

“Parte de nuestra vida depende de nuestras acciones. Buena parte de nuestras acciones siguen a nuestro pensamiento (o falta de él). Gran parte de nuestro pensamiento se articula gracias al lenguaje. Esto significa que un mal manejo del lenguaje dificulta nuestro pensamiento, el cual puede conducir mal nuestras acciones y afectar negativamente a nuestra vida. Manejar bien el lenguaje no significa simplemente hacer frases bellas. Significa poder utilizarlo para procesar información”.

“La lógica es una herramienta muy poderosa que aumenta nuestras probabilidades de éxito. Un estudio bien dirigido de esta rama de la filosofía nos dará mayores posibilidades de ser felices, mientras que la falta de ella o la mala enseñanza de esta  pueden incluso estropear nuestros talentos naturales”.

En el marco del Seminario Permanente de Filosofía Mexicana, Raymundo Morado añadió: “Profesor que no se examina tiene un punto ciego. Este debe saber cómo está siendo percibido por sus alumnos. ¿Los respeta? ¿Prepara sus clases? Si los alumnos aprenden lógica y aprenden a no pensar, o no quieren volver a saber de ella es porque tuvieron un profesor que les hizo más mal que bien”.

“La vida mental cotidiana que consiste en interactuar con amigos, familia, escuela y trabajo requiere ciertos mínimos de lógica para conducir un auto, escoger carrera, trabajo o pareja, votar. Pensar bien debería ser natural y una alimentación mental mínima debiera ofrecerse desde la infancia. En la primaria debería haber una enseñanza sistemática de elementos básicos de cómo pensar bien. Son habilidades que deberíamos tener de manera natural, como respirar, caminar o comer. Pero desgraciadamente muchas personas no sabemos respirar, caminar, comer o pensar. Respiramos por la boca y nos enfermamos, caminamos mal y tenemos dolores de espalda, comemos mal y morimos antes de tiempo, pensamos mal y perdemos control sobre nuestra vida”.

A manera de conclusión, Raymundo Morado subrayó que el maestro debe  motivar a los alumnos para que aprendan lógica, haciendo que esta materia les parezca bella, amena, fácil y útil. Para lograrlo es necesario ponerles ejercicios aplicados a la vida cotidiana; evitar el aprendizaje de memoria y fomentar la discusión. Los estudiantes deben tener presente que la lógica sirve para encontrar la verdad, no para ganarle el debate al otro. En resumen, deben adquirir habilidades lógicas, es decir, ser capaces de planear y resolver problemas.