*La estrella brasileña firmó su mejor partido con un rico menú táctico y como protagonista de la “canarinha”.

Hernán Bahos Ruiz

Otro País Noticias, Samara (Rusia), 2 de julio (EFE).- De vuelta a los orígenes. Neymar Junior apareció este lunes a los 51 minutos del partido muy cerrado que empataban sin goles Brasil y México con un gol de esos aparecen en el primer capítulo del Manual hecho para los delanteros centros.

Surgió desde el fondo del área, en un pestañeo de sus custodios y con el espacio suficiente para estirar la bota. Esta vez fue la derecha, y con ella anidó en el fondo de la red el balón que le llegó desde la banda, en este caso la opuesta, gracias a un pase del criticado Willian.

El referente de Brasil, que lleva en su espalda el número 10, tomó prestada la posición encomendada al 9 Gabriel Jesus, que en Rusia completó hoy cinco partidos sin estremecer las redes contrarias.

El seleccionador brasileño Adenor Leonardo Bacchi ‘Tite’ ya había insinuado la sorpresa que preparaba durante los entrenamientos en el campamento establecido en Sochi.

En ciertas maniobras Gabriel Jesús salía, Neymar entraba y en los extremos Willian y Philippe Coutinho tensaban a la defensa rival. Demasiados elementos peligrosos para neutralizar.

Pero el golpe táctico dado por Tite sobre el césped del estadio Samara Arena a su colega colombiano Juan Carlos Osorio no puede definirse como una invención suya.

Los orígenes de Neymar en el Santos pasaron por la función de centro y hoy podría definirse al máximo referente brasileño como un falso ariete, o un delantero centro con libertad de movimientos.

Al final, todo le sienta bien.

Total, el segundo gol, el que puso la puntilla al duelo por una plaza en cuartos de final, lo originó Neymar con una cabalgata paralela a la banda derecha y asistencia para el gol marcado por Firmino, el reservad de Gabriel Jesús.

El nacido en Mogi das Cruzes, ciudad del estado de Sao Paulo, ha firmado su mejor partido, con un rico menú táctico, y como protagonista de la Canarinha, sin el comportamiento inconveniente que tantas críticas le mereció.

De su capacidad camaleónica para ejercer tantas funciones dejó recuerdos, y no siempre por su aplicación al manual.

Fue lo inverso de Andrés Iniesta, pues lo suyo era robar el balón y no soltarlo. Y si Lionel Messi fraguaba sus movimientos explosivos con diagonales desde el extremo derecho y Luis Suárez merodeaba toda el área, el brasileño se las ingeniaba para meterse por algún hueco.

En Rusia comienza a verse que la anarquía maravillosa de su juego tiene un poco más de orden.

En el manual que le ha preparado Tite, el primer capítulo privilegia la libertad para su genialidad, para su diversión.

Tite, como Pep Guardiola lo hizo con Messi en sus tiempos de oro en el Barcelona sabe que si gestiona la felicidad de su referente todo lo bueno pasa y pasará.

En Rusia está pasando.

Al contrario de lo que pasó con el argentino y el portugués Cristiano Ronaldo, el jugador del PSG ha sido decisivo en la fase de los octavos de final.

A sus rivales se les acabó el Mundial. Neymar sigue.