*César Cravioto de Morena que afirma: es necesario “eliminar los escollos que impiden a los damnificados acceder a los apoyos económicos”.  Ojalá sea un nuevo y verdadero comienzo.

 

Jorge Meléndez Preciado

Este 19 de septiembre se cumple un año del sismo que dejó más de tres mil inmuebles dañados,  230 personas muertas e incontables que viven en condiciones realmente desastrosas. Todo ello por los negocios inmobiliarios desmedidos y  la ineptitud oficial manifiesta ampliamente en nuestra capital. En tanto continuamos descubriendo cómo los poderosos- sean Karime Macías, Rosario Robles o las hijas de  políticos- derrochan a manos llenas.

Debemos, también, recordar que hay todavía una buena cantidad de edificaciones que fueron dañadas por el sismo de 1985, las cuales continúan en pie sin ser derruidas, como el caso del emblemático hotel Reforma, o que ya están ocupadas pero los que salen y entran de las mismas no las perciben seguras porque no existen  dictámenes al respecto, como el antiguo hotel Alameda, o son auténticas ruinas: el antes cine Variedades.

Treinta y tres años después que no se han  podido hacer las adecuaciones en lugares tan céntricos, nos da idea que no obstante las promesas actuales será difícil que en poco tiempo se resuelvan los problemas de los damnificados de la Ciudad de México, Morelos, estado de México, Puebla  y otras entidades donde escuelas e iglesias continúan sin estar en buenas condiciones.

En esta capital, las torpezas de la administración (je, je) de Miguel Ángel Mancera son evidentes aunque él diga que  no tiene idea de los miles de millones de pesos que debieron utilizarse para hacer del padecimiento de muchos capitalinos  un sitio digno para vivir, aunque fuera provisionalmente. Pero el actual senador panista enredó todo. Nombró una comisión donde participaron algunos ciudadanos, y luego, convencido por sus asesores, les dejó a tres asambleístas: Leonel Luna, Mauricio Toledo y Jorge Romero, este último curiosamente albiazul, que usaran el dinero a discreción para fines políticos. Es el momento que una bolsa de dinero incalculable, no se tiene certeza  en qué se utilizó.

Eso sí, igual que en las construcciones de edificios, donde hay compañías privilegiadas, en la aparente reconstrucción también las hubo, entre ellas: Ulua Consulting, SC, creada en Boca del Río, Veracruz, la cual hizo desde logotipos por millones de pesos,  pavimentación de vialidades que no se necesitaban y supuestamente la reconstrucción de la penitenciaría del DF. A su director, José Antonio Velasco, se le conoce como el señor de los moches y los arreglos de casas a los amigos (La Silla Rota, 17 de septiembre), algo que en pequeño nos recuerda la Casa Blanca.

Otro  de los responsables de la reedificación, Edgar Tungüí, al ser entrevistado muestra no una flaca memoria de lo que firmó, acordó o supuestamente hizo, sino una franca ignorancia porque ha olvidado todo al respecto. Muy propio de los funcionarios actuales.

La especialista  Vania Salgado, señala que de acuerdo con una revisión de julio pasado, “La Secretaría de Finanzas sólo había dado cuenta de  4.7 por ciento de las aportaciones de la Comisión de Reconstrucción; es decir, 286 millones de pesos, de los 6 mil 800 millones que la comisión había aprobado” (nota de Jorge Carrasco en Proceso, número 2185).

Ricardo Becerra, quien estuvo al frente de una comisión nombrada por Mancera señala: “No hay manera de comprobar el conjunto de gastos de 2018. No sabemos a dónde se han destinado en el proceso de reconstrucción. No sabemos, por ejemplo, cuánto se ha pagado a las empresas” (ídem).

Así pues la opacidad mayor, la ineptitud total, el desprecio absoluto a los damnificados y las mentiras evidentes  son lo que hemos vivido en este año pasado a nombre de un gobierno que se decía de izquierda y hacía todo para beneficiar a unos pocos compadres que después retribuirán a los políticos   de diversas maneras.

En su reciente libro: Ruptura. La crisis de la democracia liberal (Alianza Editorial) el ideólogo Manuel Castells  plantea, “Volver al Estado como centro de la decisión por encima de las oligarquías económicas”.  Y apunta más adelante: “La reconstrucción parte de una afirmación encarnada en un líder o una causa que surge en contradicción con las instituciones deslegitimadas (página 36).

¿Será que estaremos en esta nueva etapa aquí?

César Cravioto de Morena que afirma: es necesario “eliminar los escollos que impiden a los damnificados acceder a los apoyos económicos”.  Ojalá sea un nuevo y verdadero comienzo.

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